Tirar de la correa es un
problema muy frecuente con el que se encuentran muchos propietarios. Si
el perro además es un ejemplar de cierto tamaño, el
problema puede llegar incluso a afectar a la salud física
(lesiones en hombros y espalda) y mental (paseos tensos y cada vez
más desagradables que no animan precisamente a salir a la calle)
del dueño.
Hay en el saber popular
muchos comentarios breves sobre soluciones rápidas para este
problema. Sin embargo, rara vez funcionan, con lo que el propietario
piensa que su perro es especialmente rebelde, terco o duro, o
simplemente demasiado tonto para entender lo que se espera de
él, y tira la toalla.
En realidad, el problema
no es el perro, sino el modo de afrontar la situación: el no
comprender realmente porqué nuestro perro tira, y tratar de
seguir consejos "mágicos" que no atacan la raíz de la
situación y que se aplican sin comprensión de lo que se
está haciendo, conduce a menudo al fracaso inmediato, lo que
unido a la tensión de los paseos y a la frustración del
dueño ante la total falta de control sobre su perro llevan a
dejar las cosas como están, asumiendo que el perro "es
así". Por otro lado, cabe mencionar que a menudo el perro que
tira de la correa tiene también problemas en otros
ámbitos de la convivencia, pero el dueño suele mencionar
solo ése por resultar quizá el más difícil
de manejar o el que le da más quebraderos de cabeza. Si nos
planteams seriamente arreglar el que el perro tire de la correa,
sería ideal que repasáramos también el resto del
día a día con nuestro perro, para llevar a cabo un
"cambio radical" que beneficiará a perro y dueño por
igual. A menudo la resolución de ciertos problemas aparentemente
no relacionados mejoran o directamente corrigen otras alteraciones a
las que no se les prestó interés.
Así que lo
primero que hay que hacer para corregir a un perro que tira de la
correa, es entender porqué lo hace. Debemos tener la mente
abierta y huir de prejuicios como "tira porque es un perro de trineo".
Si fuese solo por eso, los cocker, golden retriever y labrador
retriever (perros de caza), por citar algunos "tiradores"
habituales, no deberían tirar, y sin embargo son razas a las que
se ve a menudo remolcando con entusiasmo a sus dueños por la
calle. O cosas como "es tonto, ya he probado de todo y aunque se ahoga,
cada vez tira más". No hay perros tontos. Ni siquiera malos
alumnos. El perro, sea de la raza que sea y del tamaño que sea,
sigue ciertas leyes de aprendizaje, al igual que nosotros. Si no las
conocemos, sencillamente no podemos usarlas a nuestro favor, pero
seguirán actuando sobre nuestro compañero.
A) RAZONES
Así que nuestro perro tira por algo, veamos las posibles causas:
1-
Exceso de energía: es la causa principal. Las razas que con
más frecuencia tiran, suelen pertenecer a animales seleccionados
para el trabajo duro. Tienen cuerpo y espíritu para trabajar
enérgicamente durante horas y horas toda su vida. Pero casi nunca lo
hacen, tan solo se destinan a compañía, y generalmente no
se les proporciona ni de lejos el suficiente ejercicio físico y
estimulación mental para liberar a diario toda esa
energía. En consecencia, le dan salida como buenamente pueden
(fuente de problemas en casa: destrucción, vocalizaciones....),
y cuando por fin tienen acceso al ejercicio, desbordan entusiasmo y
todo su afan es avanzar lo más lejos y rápido posible.
Cuando además son razas grandes, no tienen demasiado obstaculo
con ese "lastre" que cuelga de su cuello. El husky es una de las razas
más activas que hay, así que por eso es un tirador
habitual. Otras razas como los perros de caza (que viven como perros de
compañía), tipo golden/labrador, cocker, braco, etc., y
los terrier, también tienen grandes requerimientos de
energía. Si poseemos una raza de trabajo, tendremos que
"trabajar". Necesitan ejercicio constante y diario, sino, estamos
tratando de detener una tromba de agua con un vaso de plástico:
se nos llevará por delante.
2-
Aprendizaje: los perros aprenden a tirar. Y a no tirar,
también. La gran mayoría (sino todos) los perros que
tiran de la correa hasta casi perder el sentido han sido educados
(inconscientemente) por sus propietarios para presentar este
comportamiento. Saber el cómo se puede llegar a ésto nos
permite prevenir el problema desde el primer día. Si el problema
ya está firmemente asentado, entender qué ha pasado ayuda
a buscar soluciones prácticas y a tener la paciencia
suficiente para lograr resultados gradualmente, en lugar de tirar la
toalla por no ver avances en diez minutos. El cachorro que llega a casa
es un animal curioso y vital que quiere investigarlo todo. Cuando le
sacamos a la calle, con su collarcito y su correa (a menudo corta), y
echa a andar decidido hacia delante, le seguimos sin prestar mucha
atención a lo que pasa entre su cuello y nuestra mano. La
pasividad en el extremo que nos toca de la correa es la razón
número uno por la cual los perros aprenden a tirar, y la misma
pasividad después es la que impide que haya avances en la
correción del problema. En cuanto el pequeño toma
confianza, empieza a aumentar la velocidad. Anda y se para cada poco a
oler y mirar cosas, y luego vuelve a andar de nuevo. El dueño,
simplemente, se deja llevar. Al fin y al cabo, es pequeño, no
tiene fuerza, no nos preocupa. Pero sin percatarnos, el
cachorrín tensa con frecuencia la correa en su avance. Una
tensión leve, apenas percetible, pero que ejerce una leve
presión sobre su cuello. Y eso él sí lo
nota. Pero nada le impide continuar adelante, así que
sigue avanzando. Esta secuencia de avance constante y tensión
suave se repite día tras día, semana tras semana, con lo
que se afianza la respuesta "tensión de correa = avance". Si
sabemos que los perros realizan aquellos comportamientos que les
reportan beneficios, y entendemos que "avanzar en la calle" es un
beneficio más que interesante, y sabemos también que
aquellos comportamientos que dan resultado tienden a repetirse cada vez
con más frecuencia e intensidad, ya podemos ver por dónde
van los tiros. Nuestro cachorro está poniendo las bases para
tirar de la correa, y nosotros..... le seguimos.
Han pasado algunos meses, y el pequeño ya no es tan
pequeño. Ahora va más deprisa y con más
energía y entusiasmo que antes. Eso nos obliga a apretar el
paso, pero aun así, la correa se va tensando cada vez
más. No importa. Ya hemos afianzado bien el patrón "tirar
= premio", y el cachorro podrá soportar algún
pequeño impedimento (inconsciente) por parte del dueño,
que trata de tensar la correa en dirección contraria para que el
cachorro no vaya tan rápido, pero que solo tensa, no se detiene.
De modo que el cachorro nota más tensión, pero sigue
pudiendo avanzar. Y eso hace. Con este paso, asentamos definitivamente
el ejercicio.
Ahora nuestro cachorro ya tiene 8-10 meses. Lleva toda su vida tirando
de modo gradual de la correa, pero ahora casi corre, y tiene una fuerza
de mil demonios. Intentamos imponer un poco de control por la fuerza,
pues apenas podemos tenernos en pie cuando camina. Más
tensión en sentido contrario, y unos cuantos tirones bruscos del
collar.... que parecen detenerlo unos segundos. Pero no sirven, el
perro de pronto parece tirar con mas fuerza que antes. Y si pensamos
"pues ya no andas" y nos detenemos por completo, nuestro amigo planta
las 4 patas con fuerza en el suelo, toma impulso.... y tira con todas
sus fuerzas. Y nosotros, bien por no verlo venir, bien porque
obviamente no somos tan fuertes, cedemos. Con cada intento de controlar
al perro que falla y con cada ocasión en que el perro
intensifica el comportamiento y nosotros cedemos AFIANZAMOS AUN
MÁS LA CONDUCTA. Y lo que es peor, acabamos de introducir la
"resistencia a la extinción", o para entendernos, nuestros
tímidos intentos de bloquear el comportamiento han confirmado al
perro que lo que tiene que hacer para lograr su objetivo es probar de
nuevo, pero con más ganas. Cuando nuestro perro tiene más
de un año y ha pasado por este proceso, se ha convertido en una
locomotora peluda. Enhorabuena, llevas un año trabajando un
ejercicio complejo (aprender a tirar lleva tiempo y práctica y
un buen control de la pauta "refuerzo/tensión"), y ahora es
practicamente imparable. Por muchos tirones, obstáculos o fuerza
que apliques, el perro ha entendido que solo tiene que insistir aun
más para alcanzar el premio. Hemos aplicado las leyes del
aprendizaje punto por punto, y éste es el resultado.
3-
Equilibrio de fuerzas: ésto es una cuestión de
física y funciona con muchos animales (y cosas). Si se aplica
una fuerza en determinado sentido sobre el cuerpo de un animal,
éste intentará ejercer una fuerza similar y en sentido
contrario para mantener el equilibrio. Aplicado en este contexto,
supone que cuando el perro recibe tensión (horizontal y
homogénea) sobre el cuello (o pecho, si lleva arnés) de
modo constante, compensa esa tensión tirando con igual fuerza
pero en sentido contrario (hacia delante). Es decir, carga su peso
sobre la fuerza de tensión. Y cuanto mayor es esa fuerza
(nosotros tirando hacia atrás), más tira él
hacia delante para compensar.
Esta razón es la que remata la faena, la que añade la
guinda al exceso de energía y el aprendizaje, entorpeciendo aun
más cualquier intento de control por nuestra parte a base de
tirar más en sentido contrario al del avance del perro.
Un detalle curioso que resulta de la aplicación de estas tres
razones, es lo que ocurre cuando queremos que nuestro husky de un
año, que tira del collar como si le fuera la vida en ello, tire
de un arnés atado a una bicicleta: colocamos la bici, le ponemos
un arnés de tiro, le amarramos al manillar, le animamos a
correr, da un salto hacia delante.... y de pronto se sienta y no anda.
Damos unas pedaladas, le animamos de nuevo, y sí, parece que
camina, pero en el caso de que llegue a adelantar la bicicleta,
mantiene la cuerda floja, y no tira en absoluto. Interesante, verdad?.
Al actuar así, movidos por la impaciencia y pasando por algo las
leyes del aprendizaje, hemos logrado el efecto totalmente contrario al
deseado (de nuevo). Lo primero, no hemos hecho un aprendizaje paulatino
de introducción de tensiones (damos por sentado que como ya
tira....). Lo segundo, hemos cambiado por completo los puntos de apoyo
de las fuerzas (que en un arnés de tiro se concentran en la
parte central y baja del pecho y se distribuyen por los costados y el
lomo. El punto de tracción además se sitúa en la
base del rabo, no en el cuello). Eso requiere un nuevo aprendizaje para
ser tolerado sin resistencias. Y finalmente hemos bloqueado de modo
radical el primer avance (castigando el tirar en ese contexto y con ese
tipo de amarre). Con lo cual cuando el perro por fin anda, modera el
paso para no tensar la cuerda, y en cuanto empieza a notar
tensión, o bien afloja el paso, o bien se sienta. Y cuando queremos que tire..... no lo hace.
B) SOLUCIONES
Ahora que tenemos una perspectiva clara de lo que está
ocurriendo, es hora de planificar una estrategia para corregir
el problema. Podemos trabajar actuando sobre los tres factores de modo
coordinado y simultáneo, para obtener los mejores resultados
posibles, sabiendo lo que hacemos y porqué lo hacemos. Si solo
actuamos sobre un factor, es más que probable que el resultado
sea mediocre o directamente nulo. Los taburetes con dos patas apenas se
sostienen, y si te sientas en ellos, se caen. Hay que actuar sobre los
tres pilares, adaptándonos a las circunstancias concretas de
nuestro perro.
1-
Ejercicio:
fundamental e imprescindible. Los perros necesitan pasear. No solo para
hacer pis, lo necesitan para quemar energía, para relacionarse
con el entorno, para recibir estímulos visuales, auditivos y
olorosos a diario. El ejercicio regular libera endorfinas (la morfina
natural), con lo que relaja y produce placer. La estimulación
del entorno mantiene la mente activa y equilibrada. El perro tiene que
hacer ejercicio, y no solo para no tirar de la correa.
Si además es una raza especialmente activa, más
ejercicio, sobre todo en perros jóvenes. Para un husky, tres o
cuatro horas diarias CAMINANDO. Salir una hora, pero estar 45 minutos
sentado en un banco, no es hacer ejercicio. Si crees que es mucho,
piensa que tu perro puede hacer mucho más. Ese tiempo es el
necesario para cubrir sus necesidades, no para agotarlo. Algo
así como distinguir entre comer para cubrir nuestras necesidades
nutricionales, y atracarse de comida. Organiza tu día a
día. Apaga la tele. Deja de ir de bares. Duerme un poco menos.
Establece prioridades en casa, habrá cosas que se puedan dejar
para el fin de semana, y así sacar algo más para el perro
entre semana. Contrata a un paseador. Pide ayuda a familiares o amigos,
o incluso a algún vecino. Si eres sincero contigo mismo y de
verdad NO puedes, has elegido mal, lo que no puedes es tener perro, ya
que no te resulta posible cubrir una de sus principales necesidades (no
se trataba solo de darle de comer, de beber y llevarle a hacer pis, hay
más cosas que son insustituibles). Búscale un nuevo hogar
donde puedan realmente ocuparse de él. Le harás un favor.
Cosas que se pueden hacer. Compra una cinta andadora. No sustituye al
paseo, solo lo complementa. La cinta obliga al perro a caminar de modo
constante. Eso sí, necesita vigilancia para que no se haga
daño, y un aprendizaje previo. El jardín, por grande que
sea, no vale. El perro no andará en círculos porque
sí (si lo hace, está trastornado, como los animales
salvajes en jaulas). La cinta es insuficiente porque no aporta
estímulos, solo obliga a mover las patas (es parecido a correr
en círculos, solo que el perro no lo hará si no se le
empuja a ello). Sirve para ayudarnos a gastar energía, no para
evitarnos las salidas. Es un complemento.
Saca la bici del trastero. Esa herramienta sí es útil. Si
quieres que el perro tire, necesita un aprendizaje previo (a veces de
semanas, sí, hay que enseñarle a tirar:
adiestramiento para mushing).
Y hay que cumplir algunas condiciones, como evitar temperaturas
superiores a 15 º y los suelos abrasivos (asfalto, cemento....).
Si te vale con que camine al lado, entonces solo hay que dar pedales de
modo constante y ser un poco hábil para mantener las distancias.
A un ritmo normal, en llano, irás a unos 15 km/hora. A pie a
buen paso, son unos 4 kms/hora. A igualdad de tiempo de paseo,
triplicas la distancia recorrida.
Se puede hacer también con patines, pero es bastante peligroso.
Hay que saber patinar bien, y educar primero al perro para tener un
buen control sobre su conducta. Pero es otra opción a
considerar. Lo mismo con un monopatín.
Haz footing. Se puede amarrar al perro a la cintura (hay cinturones
especiales para eso) y animarlo, bien que corra con nosotros, bien que
tire de nosotros (con arnés de tiro). Eso es el canicross. Media
hora corriendo juntos al día podría canjearse por una
hora de andar.
Conseguir repartir el trabajo entre varias personas es otra
opción. Familiares, amigos, paseadores profesionales, incluso
algún vecino. Claro que si el perro tira mucho, primero hay que
modificar esa conducta, o pronto nos quedaremos sin nadie dispuesto a
ayudar, y con razón.
2-
Aprendizaje: es hora de cambiar las normas del juego. Nuestro perro
ha aprendido a tirar, y no nos gusta. Pues expliquemosle que hemos
cambiado las reglas y que ahora tirar NO FUNCIONA. Que tiene que probar
otra cosa para alcanzar el objetivo (avanzar). Requiere tiempo,
paciencia, constancia y una dedicación activa por nuestra parte.
La pasividad nos llevó a la situación actual, si queremos
recuperar el control, tenemos que hacer algo. Hay herramientas que nos
facilitarán la labor, pues sin ellas re-educar a un perro que
lleve varios años tirando y pesa 25 o 30 kilos puede ser una
misión imposible. Hablo de ellas en el siguiente punto.
Comencemos por cansar al perro. La bici es la opción ideal.
Así le tendremos receptivo, sin tantos deseos de avanzar y
más atento a nosotros que a lo que tiene delante. Le ponemos
collar (o la herramienta que vayamos a utilizar) y correa, de dos o
tres metros y mejor de material ligero, no de metal. Las extensibles en
un perro que tira nos darán problemas. Echamos a andar
con decisión, por un camino tranquilo, sin animales, personas u
otros perros. Evitemos ponernos el listón muy alto con
distracciones. Mejor si el sitio no es nuevo para nuestro perro, o le
podrán las ganas de explorar. En cuanto tense la correa,
actuaremos en función de la herramienta elegida. Si no vamos a
usar ninguna, basta con detenerse, llamar la atención del perro
hacia nosotros (unas palmadas en el muslo, por ejemplo), y en cuanto se
vuelva y veamos la correa relajada, le felicitamos con entusiasmo y le
damos una golosina. Además, le permitirmos volver a avanzar.
Repetir la secuencia unas cuantas veces. Al haber salido primero a
cansar al perro, podemos ver esto como un ejercicio de adiestramiento,
no como un paseo. No tendremos prisa y no vamos a ningún sitio
en concreto. Cada vez que la correa esté a punto de tensarse,
nos detendremos y daremos una llamada de atención a nuestro
perro. Cada vez que se vuelva y/o destense la correa, le felicitamos y
premiamos (al principio va bien usar golosinas para lograr mayor
atención hacia lo que le estamos explicando y hacia nosotros -si
nos mira no puede tirar-. Conforme pasa el tiempo, el premio "avanzar"
es más que suficiente). No permitamos en ningún momento
que la tensión y el avance se den de modo simultáneo.
Otra variante de este proceso sería mandar sentarse al perro
(para ésto debe conocer a fondo esta orden) en cuanto haya una
ligera tensión en la correa. Quizá tenga que sentarse 35
veces en 50 metros. Bueno. No hay prisa. Si cada vez que la correa se
tensa, mandas sentar, y si no se sienta no hay avance (= premio), en
unas cuantas repeticiones empezará a anticipar: al notar
tensión, se sentará sin decirle nada, y si lo hace, no
puede tirar. Empieza a estar bajo tu control.
Y otra más. Elegir un sonido para "penalizar", como "mal",
"ooohhhh", "vayaaa". Usar un tono de pena, no de enfado. En cuanto la
correa se tense, decir el sonido, y dar la vuelta hasta el punto en que
aun no tensaba la correa. Y volver a recorrer el mismo tramo. Es un
castigo: "cada vez que tenses la correa, repetimos el mismo trozo de
camino". Y por lo tanto, no se avanza. Le llevará un rato
entender de qué va el tema, pero establecerá una
asociación en cuanto haga algunas repeticiones. El sonido sirve
para hacerle saber que hay algo distinto, que no das la vuelta porque
te dé la gana o quieras ir a alguna parte o hacer
círculos, sino que hay algo que "obliga" a dar la vuelta.... y
ese algo es su conducta.
Y del mismo modo que con el cachorrito repetimos día tras
día para que "aprendiera" a tirar, tendremos que repetir esta
secuencia día a día para enseñarle lo contrario.
Es un ejercicio, como sentarse o venir a la llamada, de modo que
tendremos en mente el objetivo, pero no pondremos plazos de tiempo,
nada de impacientarse. A menudo, si empezamos a trabajar con el perro
ya cansado, veremos avances importantes en pocos días. Pero no
hay que relajarse, no pensar que ya está resuelto y volver a la
pasividad habitual. Hay que trabajar todos los días un rato, con
el fin de afianzar como norma no tirar, en lugar de lo contrario.
3-
Equilibrio de fuerzas:
para corregir este factor existen en el mercado varias herramientas con
diversos mecanismos, pensadas para re-educar al perro que tira. Si se
conoce su modo de acción, se les puede sacar mucho partido, y
con suerte, usarlas solo temporalmente, volviendo al collar o
arnés de paseo convencionales en pocas semanas, una vez hayamos
establecido el nuevo comportamiento.
+
Collar estrangulador: el más conocido, el más
utilizado, el que más fracasos genera. Exige un conocimiento de
su manejo y de las razones por las que funciona, además de una
participación muy activa y constante por parte del dueño.
La idea viene a ser que aplica un castigo (refuerzo negativo) sobre el
cuello del perro, pero solo si nosotros ejercemos tensión
intermitente (si seguimos siendo pasivos, se limita a cortarle la
respiración al perro). Algo así como si le
mordiéramos cada vez que tira. Y deja de aplicar tensión
en cuanto el perro deja de tirar (castigo positivo). O sea, castigamos
al perro por tirar y dejamos de castigarle por hacer lo que queremos.
En un husky, mala idea. Además, es injusto castigar a nuestro
perro por cometer un error que hemos fomentado nosotros, por lo que no
voy a dar detalles de cómo se usa correctamente. Hay otros modos.
+
Otros collares de tipo aversivo: ni los menciono. Sus efectos pueden
ser desastrosos, su uso, inmoral, y de nuevo seriamente injusto
castigar al perro por no saber hacer bien aquello que no le hemos
sabido enseñar desde el principio (de hecho, en realidad,
está haciendo exáctamente lo que le hemos enseñado
a hacer)
+
Collar halti: es un dispositivo formado por finas tiras de nylon que
se coloca en la cabeza del perro, y es similar a las cabezadas de
cuadra de los caballos. Lleva una anilla que queda bajo la barbilla del
perro, y es donde se sujeta el mosquetón de la correa. NO ES UN
BOZAL. La apertura de la boca permite al perro abrir (y cerrar), comer,
beber, morder y jadear sin problemas. Su uso requiere una
habituación durante unos días, ya que la zona en la que
se coloca es molesta para el perro (entre perros, sujetar el hocico es
un castigo): ponemos el halti, damos unos premios, mimamos a nuestro
perro, se lo quitamos. Repetir varias veces durante ratos cortos.
Así lo aceptará sin problemas. ¿Cómo se
usa?.
1- Una vez habituado en casa, ponemos el halti a nuestro perro, y
sujetamos el mosquetón a la anilla de la barbilla. Mejor una
correa de un par de metros mínimo, y muy ligera, que note el
menor peso posible en su hocico. Queremos que esté cómodo
y se rebele lo menos posible. Echamos a andar. Cuando el animal nos
adelanta y tensa la correa, pasan dos cosas: una, que el punto de apoyo
ha desaparecido, no puede cargar sobre el hocico, y la otra, que las
fuerzas han cambiado de dirección y no le estimulan a tirar
hacia delante, ya que la cabeza se gira hacia un lado cuando trata de
avanzar de más (la fuerza de tensión se dirige hacia un
lado y hacia abajo, en lugar de hacia atrás). No debemos dar
tirones bajo ningún concepto (podemos hacerle daño).
Simplemente, dejar que la fuerza de nuestro perro se vuelva contra
él.
2- Su reación puede ser variable, y actuaremos en consecuencia.
Recordar que no somos elementos pasivos, debemos trabajar para
modificar el comportamiento:
Puede que el perro ande, note el cambio, gire algo la cabeza... y se
pare. Perfecto. Proceder a cada avance como se explicó en
Aprendizaje.
También puede que ande, note el cambio... y empiece a dar saltos
y giros y gritos (como un caballo salvaje). No pasa nada. Mantener la
calma, y la inmovilidad. Dejarle que se le pase la rabieta (vigilar que la correa no se
tense entre tanto, podría hacerse daño). En cuanto se tranquilice, esperar unos segundos
(para premiarle por estar calmado), y darle una golosina, unas
caricias, y seguir caminando. No importa que se pille unas cuantas
rabietas más, como en cualquier aprendizaje, lo que no vale
irá desapareciendo y lo que sirve se irá afianzando
("avanzar, no puedo. La rabieta, no funciona. Esperar = premios,
atenciones y más paseo").
Si además de la rabieta, echa las manos al hocico para quitarse
el halti, debemos intervenir. Si no, posiblemente se lo quitará,
y tendremos al perro sujeto por un "collar" del grosor del usado para
gatos, y una correa seguramente demasiado fina. Sin enfados, sin
gritos, sin brusquedad. Ante todo, mantener la cabeza fría, no
potenciar su rebelión ni convertir la experiencia en algo horrible. Sujetar con una mano las patas que eche
al hocico, para colocarlas de nuevo en el suelo, y con la otra elevar
la cabeza hacia arriba (empujando desde la barbilla). Para que adopte
una posición más tranquila y además no llegue al
morro. Premiar en cuanto esté quieto unos segundos, y vuelta a
empezar.
Si se ciega intentando quitarse el Halti, y anda echando las manos al
hocico constantemente, no le hemos habituado lo bastante. Trabajar ese
punto en casa y probar de nuevo en la calle unos días
después.
Algunos optan por sentarse y no caminar después del primer
"choque". Bueno. Animarle con palmadas, llamada, premios (se le puede
colocar un trozo de comida delante del morro) a que nos siga. Hacerlo
sin volvernos hacia él (no se anda hacia alguien que está
de frente a ti). Se puede poner una cuerda de varios metros de largo
que nos permita ignorar este comportamiento y seguir andando sin mirar
atrás (es muy probable que nos siga). En cuanto
se coloque a nuestra altura, antes de adelantarnos, podemos premiar y
felicitar con más efusividad. Los que hacen ésto a menudo
son los que ceden más rápido y dejan de tirar antes, solo
tenemos que evitar arrastrarles o impacientarnos, para que adopten una
posición correcta y poder premiarles por ello.
Si tras varias semanas caminando con el Halti, nuestro perro permanece
en todo momento con la correa colgando (dejemos lo de ir a la izquierda
o pegados a nuestro muslo o lo que sea para más adelante), es
posible que ya lo tenga claro. Salgamos un día con el Halti en
el bolsillo, y el collar de paseo habitual, a ver qué pasa. O
incluso pongamos el Halti pero atemos a nuestro perro del collar.
Muchos aprenden en una o dos semanas y ahora que saben hacerlo como
queremos, podemos prescindir de la herramienta. Pero eso sí, no
volvamos a ser un elemento pasivo, y estemos pendientes de posibles
fallos para anticiparnos y recordarle con premios y atenciones que solo
se avanza si no hay tensión. O tendremos que volver a empezar de
cero.
+
Arnés Buster: este dispositivo consta de un collar de nylon de
2,5 cm de anchura, fijo y ajustable al cuello del perro, con varias
anillas de anclaje. En dichas anillas se colocan dos cuerdas que pasan
por debajo de las axilas del perro y se unen en otras anillas, en la nuca
del perro. La correa se sujeta a esas cuerdas una vez han sido
colocadas correctamente. No necesita habituación previa, y
estéticamente no se ve tan feo como el Halti. Los perros no
suelen rechazarlo ni se rebelan al llevarlo.
Este arnés actua en dos puntos. Primero, transforma la fuerza de
la tensión hacia atrás en fuerza hacia abajo (pues la
tensión de la correa se distribuye por las cuerdas y tira del
collar desde la parte delantera, en lugar de la parte de la nuca, como
el collar convencional). Así eliminamos el apoyo de las fuerzas
de tensión, dificultando el avance. Segundo, al tensarse las
cuerdas, hacen presión sobre las axilas, resultando molestas
para el animal, que frena practicamente de inmediato. Hay que vigilar
en perros de pelo corto, pues en esa zona no tienen pelo y
podrían rozarse, aunque algunos modelos incorporan unos
tubos de caucho sobre las cuerdas para evitar este problema.
Esta herramienta facilita mucho las cosas. No hay que practicar antes.
No hay que tirar en ninguna dirección. No hay que hacer nada
más que centrarse en premiar y alabar a nuestro perro por dejar
la correa floja, lo cual será fácil, porque practicamente
no tirará nada, y nos permitirá detenernos a voluntad
cuando lo deseemos para lograr que adopte posiciones en las que la
correa no esté tirante.
Hay que mencionar que en la mayoría de los perros el resultado
es espectacular e inmediato, pero eso no quita que tengamos que
trabajar el punto "ejercicio" y el punto "aprendizaje", o el problema
volverá a resurgir.
En algunos perros solo suaviza la tensión, pero siguen avanzando
sin llegar a pararse o relajar la correa. De todos modos,
debería bastarnos para poder tomar cartas y participar
activamente en enseñarle las nuevas normas, ahora que ya no nos
arrastra.
+
Arnés Gentle leader: Es un arnés sencillo que consta de
dos tiras de nylon de 2,5 cm de anchura, una rodea el tórax y la
otra pasa por delante del pecho. La anilla para sujetar la correa
está en el centro de la tira que va por delante del
pecho......sí, retira el punto de apoyo al perro y convierte la
fuerza hacia atrás del collar convencional en una fuerza lateral
que impide la tensión en la correa. No precisa de
habituación, tiene buen aspecto, el perro no se rebela, y
requiere poca intervención por parte del dueño (el
re-aprendizaje es inevitable usemos el dispositivo que usemos).
Hay que ajustarlo bien para que no se desplace pero que tampoco roce
por ningún sitio. Y una vez puesto, basta con caminar. Si el
desplazamiento de fuerzas basta para que el perro afloje y nos preste
atención, estupendo. Si se embala, dar un toque breve con la
correa hacia un lateral (hacia nosotros), no hacia atrás. Y
relajar después la correa, premiando la posición
correcta.
Y repetir, repetir, repetir.....
Existen otras herramientas que vienen a ser variaciones o combinaciones
de las anteriores, pero creo que con alguna de las ya mencionadas
será suficiente.
C) CASOS ESPECIALES: EL PASEO CON DOS O MÁS PERROS
En estas circunstancias, interviene algo más: la competitividad.
Cuando sacamos a dos perros a la vez, especialmente nórdicos, se
retan mutuamente "a ver quién va más rápido/a ver
quién llega antes", y eso puede complicar sensiblemente tanto la
educación como el manejo durante los paseos.
Si es tu caso, entonces podemos optar por el dicho "divide y
vencerás": cánsalos juntos, entrénalos por
separado.
Lo primero es determinar cuál de los dos activa al otro. Es
habitual que uno de los perros incite a su compañero a competir,
y el otro a menudo acepta. Trabajaremos de modo diferente a cada perro.
Hay que fijarse en su lenguaje corporal y en cuál se activa
primero para saber a cuál vamos a hacer el vacío.
Una vez determinado esto, podemos intentar sacarlos a tirar. Pero de
una bicicleta, claro. Si quieren tirar, que tiren. Si quieren competir,
que lo hagan. Echa un vistazo en
adiestramiento para mushing, a ver qué te parece. Es el modo más natural y divertido de dejarles que se explayen.
Una vez estén receptivos a otras cosas, como andar
tranquilamente con correa y prestarte atención, empezar a
reeducarlos. Si piensas que por separado no tiran, pero juntos
sí, valora si estás siendo sincero. El perro que tensa la
correa de modo habitual, aunque no nos arrastre y tengamos cierto
control sobre él, está tirando. Solo necesita un
pequeño empujón (otro perro, un gato, un corredor....)
para entusiasmarse y tensar con más ganas. Si la correa va
colgando la mayor parte del paseo, entonces realmente tu perro no tira.
Sacaremos a los perros por separado un tiempo. Si tiran, reeducarlos
con lo ya explicado. Si no tiran, bien. El incitador se limitará
a pasear. El otro va a aprender un juego nuevo. Elige un sonido audible
y peculiar (palmadas en el muslo, chascar la lengua.....), y hazlo. Si
te mira, muchas alabanzas y golosinas. Si no mira, prueba a decir un
segundo antes del ruido su nombre, o a montar mucho teatro en torno al
sonido. En cuanto mire, se le premia y felicita. Sé efusivo y
generoso. Repite unas cuantas veces, durante unos cuantos días.
Queremos conseguir que en cuanto oíga ese sonido, vuelva
rápidamente a nuestro lado a recibir su premio.
Una vez afianzado el ejercicio, cansar a ambos perros y sacarlos a
pasear juntos. Si alguien puede ayudar, mejor, así cada uno
sujetará una correa, y tendrás una mano libre. Lleva al
seguidor. Ponerlos uno junto a otro al caminar, como si una sola
persona sujetara las correas. En cuanto haya el más
mínimo atisbo de que el incitador piensa animar a su
compañero, haz el ruido. Si el ejercicio ha sido practicado lo
suficiente, el seguidor se volverá rápidamente hacia ti,
muchas felicitaciones y premios. Ignora al otro, haga lo que haga. En
dos o tres intentos, lo más probable es que desista de su
actitud (no tiene sentido provocar a alguien que cada vez que lo
incitas..... va marcha atrás), además, su curiosidad le
podrá, y querrá saber qué es lo que está
pasando a sus espaldas. Seguramente en uno o dos intentos más de
ver a su compañero recibir atenciones y golosinas,
establecerá él mismo la asociación "sonido
peculiar = hay que ir marcha atrás". Perfecto. En cuanto
reaccionen ambos igual, ya podemos premiarlos y felicitarlos a los dos.
Los tenemos bajo control.
Lógicamente, esto exige prestar mucha atención a los
perros, y práctica para afianzar el ejercicio. De nuevo no se
puede ser un elemento pasivo al otro extremo de la correa, los lastres
son solo lastres, pesen lo que pesen.
Recordar que para hacer algo así, ambos perros tiene que
llevarse bien y tener establecida una excelente relación entre
ellos, de modo que el incitador no agreda al seguidor cuando
éste reciba premios y atenciones, y él no. Si existe esta
posibilidad, primero hay que trabajar el tema jerarquía y
establecer control sobre los perros en otros contextos.