¿POR QUÉ LADRAN LOS PERROS?
Uno de los problemas más habituales en la convivencia con un
perro es el exceso de vocalizaciones. Lo primero que tenemos que asumir
es que los perros ladran. Las personas hablan, unas más y otras
menos, y los perros ladran, a veces poco o nada, a veces no callan. Hay
razas con gran predisposición a ladrar (terriers, perros de
pastor, sabuesos), y otras que rara vez lo hacen (nórdicos,
bóxer).
Sin embargo, que tengan predisposción a ladrar (o a no hacerlo)
no implica que el perro tenga que ser un escandaloso "porque
sí". Normalmente hay razones para que un perro emita
vocalizaciones de modo habitual y aparentemente incontrolado. Si
conocemos esas razones, nos resultará más sencillo
ponerle remedio.
A grandes rasgos, casi todas las situaciones en las que un perro ladra
de modo insistente podremos incluirlas en alguna de
estas causas (a menudo se asocian varias entre sí), de tal
modo que si somos capaces de controlar y enseñar autocontrol a
nuestro perro, aun siendo una raza con tendencia a ladrar mucho, las
vocalizaciones excesivas no serán un problema. Vamos a
desarrollarlas:
1- Soledad
Es la causa más frecuente para que un perro ladre, especialmente
si vive solo en el exterior de la vivienda. Más fácil aun
si es una raza con una gran demanda de gran actividad física. El
perro es un animal gregario, necesita compañía como parte
fundalmental de su estabilidad mental. Si pasa solo muchas horas, una
de sus principales necesidades no está satisfecha, y lo
manifiesta vocalizando. Es un problema muy habitual en huskies.
El estar acompañado no implica que tengamos que estar pendientes
del animal, a menudo le vale con que haya alguien presente, aun cuando
no se le preste atención. La vocalización del perro
solitario generalmente adopta forma de prolongados aullidos, que
podrían entenderse como un intento de reunión de la
manada.
2- Aburrimiento
Los ladridos por aburrimiento, corrientes en perros que pasan la mayor
parte del día en soledad, serían nuestro equivalente a
canturrear. El perro se complace haciendo algo, probablemente lo
único que puede hacer en un entorno que a buen seguro
es hipoestimulante y aislado de todo, y a menudo logra respuesta de
perros vecinos, lo que le entretiene aun más. El perro aburrido
suele ladrar de modo convencional una y otra y otra vez, a menudo
sentado, sin mirar a nada en particular. Solo busca pasar el rato.
3- Ansiedad
Otra causa habitual de ladridos. El animal ansioso tiene emociones
intensas que le hacen perder el control, y necesita darles salida de
algún modo. Sufre de gran excitación ante ciertos
estímulos, generalmente cotidianos, y manifiesta ese nerviosismo
vocalizando. Suelen ser ladridos repetitivos y agudos,
acompañados de gran movimiento (saltos, cabriolas, giros,
paseillos cortos de ida y vuelta.....), y asociados al estímulo
desencadenante (personas, otros perros, ciertos objetos...), excepto en
la ansiedad por separación, que aparecen ante la ausencia del
estímulo (la persona con la cual hay un apego excesivo). El
animal ansioso no tiene control sobre sí mismo, las
situaciones que le rodean le superan, y la subida de adrenalina
consecuente le hace manifestar éste y otro tipo de conductas
alteradas.
4- Miedo
A menudo el que ladra por ansiedad, también lo hace por miedo.
Los perros inseguros, con una mala socialización (baja o nula
exposición a estímulos cotidianos cuando eran cachorros),
y/o con un dueño que alimenta su inseguridad muestran miedo ante
casi todo lo que les rodea. Y el miedo genera automáticamente
vocalizaciones. Ladridos más o menos fuertes, acompañados
de expresiones corporales características (inicialmente cierta
inmovilidad, contacto visual breve con la causa del miedo, pelo
erizado, orejas gachas, rabo alto y vibrante o bajo entre las patas, y
posterior retroceso si el objeto causante del miedo se desplaza
linealmente hacia el perro). Y búsqueda de apoyo del
líder de la manada. Esa es la función del ladrido por
miedo: avisar de que hay un potencial peligro y que el líder
debe hacerle frente y dar instrucciones al grupo sobre cómo actuar. Los
perros guardianes inseguros y mal sociabilizados (la
mayoría) son pésimos guardianes, pues ladran por
miedo, y lo hacen practicamente por cualquier cosa. Un guardián que
avisa ante todo, deja de ser guardián, pues nadie le presta
atención. Además, si el intruso decide avanzar hacia
él, huirá y se esconderá. Mantener a un
perro aislado de su entorno favoreciendo una nula socializacion
alegando que así "será un mejor guardián" es un serio error.
Solo se logra un animal inseguro e infeliz, y un mordedor en
potencia (si está acorralado, atacará), además de
una molestia importante para los vecinos que predispone a la sociedad a
una gran intolerancia hacia la tenencia de perros.
5- Demanda de atención social
En este caso, el perro ladra para lograr un fin, que le hagan caso, y
seguramente alcanzar un objetivo (comida, caricias, juguetes...).
Es un ladrido repetitivo, generalmente acompañado de
movimientos nerviosos y dirigido hacia la persona u objeto que se
quiere alcanzar o del que se desea atención.
6- Frustración
A veces, el ladrido responde a una situación en la que el perro
siente un conflicto interno que no sabe cómo resolver, y le da
salida ladrando. Es habitual en perros a los que nunca se les ha puesto
un límite, la primera vez que "tropiezan" con uno. Intentan
acceder a un recurso, persona, espacio..... y no pueden, bien porque
algo se lo impide, bien porque alguien no les deja, y se enfadan.
Suelen ladrar mostrando una expresión corporal un tanto
amenazadora, orejas levantadas, rabo alto, músculos
rígidos, y a veces, si la frustración es intensa, pueden
llegar a morder al objeto o persona que les obstaculiza el acceso a lo
que desean.
Una vez tenemos claro porqué razón o razones ladra nuestro perro, podemos evitarlo:
1- Soledad
Es obvio: el perro debería tener compañía la mayor
parte del día. Esa es su función: animal de
compañía. Si únicamente pasamos una o dos horas al día
con él, estará solo 22 horas al día toda su vida.
Aunque nosotros estemos dentro de casa y él fuera, eso no le vale.
Necesita la presencia de otros seres. A veces puede ayudar tener un
segundo perro, pero hacerse de un segundo animal si no satisfacemos las
necesidades del primero, probablemente doblará el problema en
lugar de solucionarlo. Los perros no son adornos de jardín ni
rellenos para el hueco de una caseta vacía. Si pensamos tenerlo
así, quizá sería mejor no tenerlo, especialmente
si se trata de un husky. Será infeliz toda su vida, y se lo
hará saber a todo el vecindario a cualquier hora del día
(y de la noche).
2- Aburrimiento
Suele asociarse a lo anterior. La solución aquí pasa por
proporcionar varias horas de ejercicio diario al perro, muy importante
en huskies, y más aun en animales jóvenes. Paseos a buen
ritmo, salidas en bicicleta, excursiones a la playa o la
montaña.....No solo le viene bien al perro. Los terrenos de gran
superficie o los jardines no sustituyen al paseo diario, los perros no
suelen andar lo suficiente en una zona acotada, necesitan desplazarse
en línea recta, que alguien los acompañe, oler y ver
sitios diferentes....hay que sacarlos por mucho espacio de que
dispongan en su casa.
Conviene también, especialmente en perros jóvenes,
proporcionarles algunos estímulos mentales, a modo de juegos
(enseñarles órdenes en positivo es muy práctico,
tanto por los beneficios del aprendizaje como por el desgaste de
energía que supone el proceso en sí). Y dejarles a mano
algunos juguetes que sepamos le gustan, como mordedores, juguetes
rellenables de caucho, etc. Así tendrá algo que hacer
cuando se quede solo. Ideal para prevenir la ansiedad por
separación, muy frecuente en huskies.
3- Ansiedad
Este tipo de vocalización requiere de un manejo integral del
entorno del perro, pues revela una personalidad insegura. Hay que
asegurarse de que realiza suficiente ejercicio diario. Comprobar que
hemos establecido una buena jerarquía en casa, con normas claras
y firmes que somos capaces de hacer cumplir por las buenas. A menudo es
en este punto donde está el problema que le genera ansiedad al
perro. Un manejo dubitativo en casa y/o en la calle, un propietario
inseguro y poco firme y unos límites mal marcados o directamente
inexistentes dan lugar a un perro carente de confianza en el grupo y en
sí mismo, y lo revelará, entre otros modos, vocalizando
de modo lastimero en determinados contextos. Es un problema complejo
que necesita un abordaje detallado y completo de la vida del perro.
Mención aparte merece la ansiedad por separación,
en la que el perro ladra/aulla cuando se queda solo. Aunque el problema
sigue siendo el mismo (animal inseguro con hiperapego al propietario e
incapaz de soportar la soledad), se manifiesta cuando no hay nadie
delante. Requiere igualmente de un trabajo concienzudo sobre todos los
aspectos de la vida del perro.
4- Miedo
Este tipo de ladrido es muy frecuente. Y es que hay un elevado
número de perros que tiene miedo, más o menos acusado, de
una gran
cantidad de estímulos cotidianos. Una personalidad insegura
(más evidente en ciertas razas en las que se fomenta la
desconfianza hacia lo desconocido, como los perros de guardia o de
pastoreo), un manejo inadecuado y una socialización temprana
insuficiente o directamente inexistente conforman un perro que tiene
miedo de muchas cosas con las que se cruza a diario. Algunos lo
manifiestan con expresiones corporales de sobra conocidas (pelo
erizado, cuerpo encogido, rabo totalmente entre las patas, mirada
huidiza) y con la retirada a toda velocidad ante el estímulo
desencadenante, pero otros muchos optan (aparentemente) por el
enfrentamiento a base de ladridos y avances/retrocesos,
acompañado todo ello de expresiones corporales de inseguridad.
En estos casos la intención es ahuyentar al
estímulo, con la idea de "tal vez tenga más miedo que yo
y si le planto cara, se retire". Muchas veces funciona, con lo que el
comportamiento de ladrarle a todo se afianza. Otras veces no funciona
realmente, pero el estímulo se retira de todos modos (por
ejemplo, personas que pasan por delante de la valla de casa ignorando
al perro. Él no lo ve así). Y de nuevo ésto le
indica al perro que el modo de enfrentarse a sus miedos, es lanzarse
ladrando sobre ellos.
Corregir este tipo de vocalización requiere una
dedicación intensiva. Hay que establecer una buena
relación jerárquica con el perro. Debemos convivir con
él para poder darle ejemplo. Mostrar una personalidad tranquila
y firme en su presencia, frente a todo. No permitirle que nos adelante
en los paseos (eso le obliga a ir vigilando y "avisando" de todo
aquello que le da miedo), mantenerle a nuestro lado para que pueda
vernos y seguirnos. Ignorar toda parada que realice ante
estímulos que le asusten o le intimiden, y seguir avanzando con
seguridad y relajación (para que nos imite). Si el miedo al
estímulo es demasiado intenso y se niega a avanzar aun
haciéndolo nosotros (no darse la vuelta ni tirar de él,
hay que andar como si no pasara nada, ni delante ni al otro extremo de la
correa), entonces hay que trabajar sobre ese estímulo en
concreto, enseñando inicialmente alguna orden de obeciencia
(como "sienta" o "mírame") en entornos tranquilos, para luego
practicarla a distancias inicialmente grandes, y GRADUALMENTE más pequeñas, del estímulo desencadenante del
miedo, premiándole tanto por la obediencia como por mantener la calma.
Jamás, bajo ningún concepto, debemos huir o permitirle la
huida (es preferible permanecer totalmente inmóviles y
estáticos, sin prestar atención al conflicto, que salir
corriendo con el perro: eso aumentaría su miedo a ese
estímulo). Tampoco debemos nunca regañarle o castigarle
ni
recriminarle su miedo, pues así aumentamos su inseguridad y su
falta de confianza (en sí mismo, en nosotros y en el entorno en
general). Evitar a toda costa acariciarle, darle chucherías o
juguetes (aunque a menudo no los aceptará, el perro asustado no
come ni juega), o tratar de calmarle con alabanzas y cariño
(eso solo potencia su sentimiento de miedo, ya que le premiamos por
manifestarlo). O continuamos el camino como si no hubiera nada (y que
nos siga), o permanecemos quietos y tranquilos, sin prestar
atención al perro, hasta que se calme, momento en que podemos
decidir si avanzamos de nuevo o rodeamos el problema (y tratamos de
afrontarlo en otro momento con cierta planificación previa).
Cuando el estímulo que produce miedo es auditivo, la
situación se complica, pues controlar dicho estímulo para
poder exponer a nuestro perro y habituarlo se hace difícil.
Podemos probar a tratarlo como un estímulo visual (ignorarlo y
continuar como si no pasara nada). Si no funciona, habrá que
abordar la situación de otro modo, y evitar en todo caso dejar
al perro suelto si existe la más mínima posibilidad de
que el estímulo suene mientras estamos en la calle, o
seguramente le perderemos. Entre tanto, nunca premiar o acariciar al
perro cuando tiene miedo, solo empeoraremos el problema.
5- Demanda de atención social
Este ladrido es muy habitual en perros que han aprendido que ladrando
llaman la atención y consiguen objetivos de su interés.
En cierto modo, es un comportamiento aprendido. Si cuando ladra un par
de veces se le lanza la pelota o se le dan caricias (a veces la
asociación es accidental, el perro ladra por excitación y
el objetivo logrado iba a conseguirlo de todos modos), el perro
tenderá a repetir el comportamiento en el futuro. Una vez ladra
para conseguir lo que quiere, el dueño suele intentar no hacer
caso, pues el comportamiento es molesto. Pero por las leyes del
aprendizaje, lo que suele ocurrir es que el perro ladra más
aun.... y el dueño cede "para que se calle". Y refuerza aun
más los ladridos. Finalmente el animal puede romperle los
tímpanos a alguien para lograr que le hagan caso.
Lo primero que se puede hacer
con esta conducta, es prevenirla. Ser
conscientes en cada minuto de nuestra relación con el perro, de
que cada vez que le damos algo (un juguete, comida, una caricia, o
simplemente mirarle y sonreir), está recibiendo un premio por lo
que está haciendo EN ESE MISMO INSTANTE. Y por cómo se
está sintiendo en ese mismo instante. Si damos cosas valiosas
para el perro cuando ladra, cuando está excitado, cuando muestra
miedo, cuando da vueltas y saltos, cuando se pone ansioso...... estamos
fomentando y premiando ese tipo de conductas y esos sentimientos. Si
nos percatamos de ello, podemos, desde el primer día en que el
perro vive con nosotros, potenciar todo lo contrario. Darle cosas o
prestarle atención y mostrarle cariño y
aprobación cuando está callado, cuando está
tranquilo, cuando
permanece echado, cuando está contento pero relajado..... sirve
para fomentar tener un perro tranquilo y equilibrado (y silencioso) en
el futuro. Ignorar además las conductas poco agradables (siempre
que el perro
no se haga daño llevándolas a cabo) o los sentimientos
negativos o destructivos, y habremos puesto la piedra
angular para que nuestro perro nunca nos dé este tipo de
problemas.
Si la conducta ya está instaurada, habrá que corregirla.
El primer paso es ignorar al perro. Si ladra para conseguir algo, ya no
lo va a conseguir. Ladrará más, seguro. Pues menos caso.
Si estamos en casa, podemos irnos a otro cuarto, incluso poner una
puerta entre el perro y nosotros. Y esperar. Tarde o temprano se
callará. Contar hasta cinco, y si sigue en silencio, darle
rápidamente aquello que solicitaba. Repetir cada vez que ladre.
Con el tiempo, optará por la segunda opción (permanecer
callado) en lugar de por la primera. Requiere de cierta paciencia, y es
más difícil cuanto más tiempo lleve manifestando
esta conducta.
Otro modo es educarle. Cuando ladre, dar la orden "ladra". Felicitarle.
Repetir unas cuantas veces. Ahora tenemos un perro encantado de ladrar.
Damos la orden, y cuando lleve unos ladridos, damos la orden "calla"
mientras le sujetamos el hocico con una mano, un par de segundos.
Premiar. Dar la orden "ladra" y la orden "calla" unas cuantas veces, y
premiar solo por la segunda. A ser posible generosamente y con mucho
entusiasmo. Así podrá ladrar todo lo que le dé la
gana, y podremos callarle antes de que nos duela la cabeza. No demos la
orden "calla" con enfado, al revés, en el fondo busca nuestra
atención, y por ese sistema verá que tiene más
beneficios obeceder esa orden que gastar energías ladrando.
Si la primera opción es lenta (y sabes que cederás antes
que él) y la segunda no resulta suficiente, es hora de
"enfadarse". Cada vez que abra la boca, ir hacia él con paso
decidido, como si fuéramos a pisarle las manos, diciendo "no"
(con voz firme y suave, no hay que gritar ni estar realmente enfadado).
Si sigue, nosotros también, dando un paso hacia sus manos con
cada "no". Que tenga que caminar hacia atrás para poder
evitarnos. En pocos intentos se callará y nos mirará (y
es posible que hasta se siente). Contar hasta cinco, y premiar.
Habrá que repetir unas cuantas veces, pero será
más rápido que esperar simplemente a que se calle. De
nuevo poco a poco ladrará cada vez menos, siempre y cuando
tengamos la picardía de premiar los demás momentos de
silencio espóntaneo a lo largo del día.
6- Frustración
Los ladridos por esta razón son algo delicados de corregir.
Debemos observar a nuestro perro para determinar cuál es la
situación de conflicto. Y tratar de resolverla cuando resulte
posible. Hay docenas de contextos en los que un perro puede verse en un
conflicto que no sabe resolver, y ladra para dar salida a sus
sentimientos encontrados. Debemos ser imaginativos y ayudar nuestro
perro a encontrar soluciones válidas (no hacerselo todo
nosotros, o cambiará los ladridos de frustración por los
de "hazme caso"). Debemos ponerle límites en su vida cotidiana,
los necesita, y aprender a respetarlos le ayuda a asimilar que no
siempre se puede conseguir lo que se quiere, entre otras cosas.
Educarle en obediencia, poco a poco, mediante el clicker, le ayuda a
encajar la frustración (y a nosotros a detectarla y ayudar a
resolverla) en un contexto positivo: el perro que está
siendo educado mediante premios, cuando va mal, no recibe premio
(castigo negativo), y a menudo siente frustración por ello. Si
somos hábiles, podremos darle salida a ese sentimiento, bien
premiándolo por intentar resolverlo, bien por esforzarse
más, bien por encontrar una salida válida al mismo que no
pase por ladrar o ponerse a la defensiva. Luego el perro será
capaz de utilizar ese aprendizaje en su vida cotidiana.
Si la muestra de ladridos va acompañada de evidencia de
agresividad, hay que actuar con precaución. El perro tiene
problemas en varios campos de su vida, no solo ladra, y no sirve de
nada cohartarle o tratar de distraerle con comida o juguetes, hay que
trabajar otros aspectos, interrumpirle en ese momento puede llevar a la
agresividad desviada (nos morderá sin darse ni cuenta de que
somos nosotros). Nos enfadaremos, y además de la
frustración, nuestro perro tendrá inseguridad y miedo la
siguiente vez que se repita la escena. Hay que analizar cuidadosamente
qué situaciones lo colocan en esa posición de conflicto,
evitarlas mientras trabajamos sobre el manejo de la frustración
de nuestro perro, y trabajar en su rutina diaria poniendo
límites comprensibles para él, firmes pero amables,
además de educarlo en obeciencia, entendiendo que el
adiestramiento enseña también a resolver conflictos de
modo constructivo y a tolerar cierto estrés al no alcanzar
siempre y sin esfuerzo las expectativas que el animal ha creado en su
mundo.