LA JERARQUIA

Entendemos con este concepto la organización que existe dentro de un grupo de animales que convive compartiendo territorio y/o recursos. Entre nosotros existe algo similar (pensemos en nuestro trabajo, por ejemplo), de modo que es fácil de entender. El que está arriba se supone que lo está por determinados méritos, y es el que decide, manda, y se lleva la mejor tajada de todo; también es el que da la cara en los malos ratos, no lo olvidemos.

El siberian husky es un perro que necesita una jerarquía muy clara en su manada y en sus relaciones diarias. Si tenemos un perro, su manada será nuestra familia, o nosotros solos, si no vivimos con nadie más. Desde el primer momento el perro dedicará todo su tiempo a observar su entorno y las personas y animales que hay en él, con el fin de situarlos en su escala jerárquica, y saber a qué atenerse con cada uno de ellos. Así, para lograr que nos preste atención, nos respete y obedezca, debemos ocupar el puesto más alto. Y eso lleva trabajo (nadie dijo que esto fuera fácil).

El líder no es el más fuerte ni el más grande. Aquí los méritos se miden con otro baremo; básicamente el mejor líder es aquel que sabe enseñar los peligros de la vida (y evitarlos), el que se muestra equilibrado y tranquilo en todas las situaciones, el que fija normas de convivencia no arbitrarias y que demuestra saber lo que quiere, y además es capaz de que le sigan sin emplear la violencia. No es tan difícil como pudiera parecer si nos esforzamos un poco en mirar las cosas desde un punto de vista canino. Porque a nuestros ojos nosotros somos los más listos, pero a un perro de nada le sirve que sepas manejar un ordenador o entiendas cómo funciona el motor de un coche, esas cosas son irrelevantes en un mundo de perros. En su mundo, gana el que provee de comida y agua, de refugio, de relaciones sociales y de entretenimiento y estimulación mental. Y visto así, cuando el cachorro llega a casa tenemos todas las papeletas para ser unos estupendos líderes. Él lo acepta así, y lo único que tenemos que hacer es mantenernos y no hacerle cambiar de opinión.

Para ello, además de lo mencionado en Educa a tu husky, debemos comportarnos como líderes en cuanto el nuevo perro llegue a casa. Y en su idioma. Debemos fijarnos en algo importante: cuando nuestro perro nos da órdenes (y lo hace, sobre todo si él es el líder, otra cosa es que las obedezcamos), nunca usa la violencia, sino mecanismos más sutiles, que a menudo nos pasan desapercibidos y nos llevan a seguirle la corriente, afianzándole en su posición de dominante. Conocer estas señales e invertir la situación es el mejor modo de dominar a nuestro perro por las buenas. Me explico.

¿Quién no ha conocido al típico perro que trae una pelota y empieza a ladrar hasta que su dueño se la lanza?, a continuación éste suspira con un "es que si no se la tiro no se calla". Bien, este perro domina la situación, y está ordenando a su dueño que juegue con él. Y lo consigue, es un magnífico líder (no ha mordido -castigado- a nadie para lograr lo que desea, verdad?). ¿Y el que empuja energicamente la mano de su propietario con el hocico, para obtener unas caricias?. Está exigiendo que le den mimos. Y el dueño le da mimos. Otro buen líder. ¿Qué decir del que pide en la mesa, dando toques con la patita o colocando la cabeza en el regazo del amo...?, y alcanza su objetivo, ha dado una orden (cédeme tu comida) y el dueño ha obedecido ¡¡por las buenas¡¡. Estos perros son los dominantes en su casa, y llevan a su manada por donde quieren. Es muy frecuente ver esto en cualquier raza, pero en el husky es aun más acentuado. Si permitimos que esto suceda, nuestro perro no nos tendrá ningún respeto, y cuando disponga de libertad de movimientos nos ignorará completamente. Además, estas situaciones son la causa más frecuente de agresividad de los perros hacia las personas (hacia miembros de la familia), ya que el perro considera 1- que él manda, y 2- que se le está desobedeciendo (y por lo tanto procede un castigo). A continuación expongo las señales más frecuentes de dominancia y cómo debemos actuar, bien para demostrar nuestro "carisma" y autoconfianza, bien para invertir una situación que ya existe (el perro es el que manda). Si lo aplicamos en un perro que ya ha afianzado su dominacia (siempre con precaución, un perro muy dominante puede reforzar sus órdenes con la agresión si no es obedecido), veremos un cambio apreciable en su comportamiento. No lograremos su adoración absoluta, pero al menos tampoco nos tomará el pelo de mala manera.

1- Derecho de paso: el líder tiene preferencia de paso SIEMPRE. Esto quiere decir que cuando se mueve por el territorio, los demás se apartan, y no al revés. Olvida tus buenos modales, si tu perro se cruza en tu camino, ignoralo y sigue andando, si tropiezas no te enfades, no le mires ni digas nada, simplemente actua como una apisonadora: sigue avanzando. Que se aparte. Esto es especialmente importante en casa. El perro que se coloca en medio, en los pasillos o atravesado en las puertas de más tráfico para dormir, no está durmiendo, está controlando al personal. No pases por encima aunque eso no te suponga esfuerzo, se dará cuenta de que le estás cediendo el paso. Si está frente a puertas o en pasillos, coloca la punta del pie bajo su cuerpo y haz cuña suavemente (no se trata de ser violentos, solo de exigir paso libre), hasta que se levante, insiste lo que haga falta, cuanto más jefe se crea el perro más reacio será a moverse, pero no cedas. En pocas repeticiones él mismo evitará ponerse en medio. ¿Te da pena despertarle?, seguro que tiene una camita en una habitación tranquila y sin tráfico, si realmente quiere dormir, que la utilice. Haz lo mismo si se coloca delante de muebles con puertas o cajones, por ejemplo en la cocina, ábrelos como si no hubiese nada delante, aprenderá a quitarse si no quiere recibir un "portazo" en las narices. No se trata de usar mala leche, ni de hacerle daño, solo fingiremos que es transparente, que no está (no debería estar) allí. Por lo tanto no hace falta que abramos la boca para nada.

Si el perro ha llegado a casa como adulto, y prevemos una posible agresión abriéndonos paso de este modo, hay que ser un poco hábiles. Seguro que sabemos de algún modo de atraer su atención y hacer que se levante, sin tocarle y sin llamarle (ruido de una bolsa o de papel de aluminio, un juguete de silbato, el ruido de la correa…..). Pues bien, si queremos pasar por un pasillo “invadido”, y tocar al perro puede acarrear una agresión (o un simple gruñido, tanto da, queremos mandar convenciendo, no enfrentándonos), vamos al otro extremo de la casa, abrimos una lata de algo/movemos la correa/hacemos silbar un juguete…. Lo que nos parezca. Y en cuanto oigamos a nuestro perro ponerse en pie y venir corriendo, seguimos con nuestro camino sin hacerle ni caso, pasando por el sitio que antes estaba bloqueado. Convencer es la palabra clave en todo momento.

2- Derecho de comida: el líder come siempre el primero y se lleva la mejor comida, como es lógico. Si tu perro come a horas fijas, asegurate de que no lo hace justo antes que tú. Coloca su comedero cuando el resto de la "manada" haya terminado en la mesa. Y nunca le alimentes desde la misma, por muy penosas que sean sus expresiones. Si se pone especialmente insistente, o incluso mete el hocico en la mesa, tienes dos opciones, ignorarlo totalmente, o gruñir (no le regañes, no lo entendería, solo gruñe, en bajo y clavándole la mirada, hasta que se aparte de la mesa). O puedes tener a mano su comedero, y darle una bolita cada vez que pide (no es lo que quiere, así que seguramente desistirá). A la larga resulta muy agradable poder comer sin tener que vigilar que nuestro filete desaparezca de la mesa por debajo de nuestro codo. Si se cae algo accidentalmente al suelo, recógelo con rapidez y dejalo en la mesa, no le uses de "recogemigas", él lo interpretará como que cedes a su petición. La otra parte de este derecho es la de poder enredar en su comedero cuando lo creas oportuno. Si lo haces de modo paulatino desde que es pequeño, rara vez pondrá pegas, acaricialo por todo el lomo mientras come, y de vez en cuando añade algo más de comida o algo especialmente apetitoso: las manos en su comedero significan premio, y no le parecerá mal. Si ya es adulto y pone pegas, no te enfrentes a él, primero sube peldaños en otras facetas menos polémicas. Es preferible dejarle su comedero tras haber comido nosotros (si nuestros horarios no coinciden, podemos comer simplemente una galleta o un poco de fruta tras preparar su comida, un poco de teatro servirá igual), y marcharnos, dejándole solo hasta que termine. Solo el subordinado “pajarea” alrededor del líder mientras éste come, en un intento de comer las sobras, o de relevarle de su puesto, si consigue hacerse con la comida por las buenas. Mirar al perro mientras come le manda una señal un tanto equívoca, y suele dar pie a apetitos caprichosos y a chantajes emocionales con la comida que generan comportamientos extraños a medio plazo (perro que solo come si le añades cosas al pienso, solo come si le esparces las bolas por el suelo, si se las das una a una con la mano, si le cambias de marca cada 15 días, si……..). Es mejor prevenir este tipo de actitudes, que una vez afianzadas nos va a costar mucho modificar. Para el perro la comida es algo más que alimento, tiene un fuerte componente social, si le dejamos que lo utilice la convertirá en un arma arrojadiza. Adelantémonos, y dejemos claro desde el primer día quién come primero, qué comen los que no son los primeros, y el poco caso que le hacemos mientras se alimenta (o no, si no quiere comer, es su problema, no dejaremos que nos manipule con su actitud, el que no come hoy lo hará mañana o pasado).

3- Derecho a descansar: el líder duerme en los mejores sitios, y además no debe ser molestado. Muy útil el domingo por la mañana, si el resto de la semana madrugas (tu perro estará en pie a la hora que marca el despertador, aunque no haya que ir a trabajar, ¿él que sabe?). La reacción de todo cachorro es la de coserte a lametones en cuanto te pille en posición horizontal. Si no le marcas un límite, considera que puede hacerlo. Ahora bien, si te fijas en ese cachorro cuando va a incordiar a un perro dominate que duerme, verás que no recibe precisamente alabanzas. Actúa igual. Gruñe con ganas y date la vuelta. Si insiste, sigue gruñendo hasta que se aparte de la cama. Lo entenderá en seguida. En este caso, si es el perro el que duerme y no está interrumpiendo el paso, nosotros también respetaremos su sueño. Si además no queremos tenerlo en las camas y sofás (fundamental si es un perro muy dominante, los sitios elevados dan categoría), es esencial proceder desde cachorro, cada vez que se suba, le daremos la orden de bajar, si no obedece (doy por supuesto que se le ha enseñado ese comando), le bajaremos nosotros mismos, con calma y sin enfados, las veces que sea necesario. Si ya estamos nosotros en ese lugar, o bien hacemos lo mismo, o bien optamos por gruñir en cuanto ponga las manos en el mueble, hasta que vuelva al suelo. De nuevo con un adulto no criado por nosotros, nos abstendremos de gruñir si creemos que puede resultar provocador para él. Basta con ignorarle cuando nos moleste. Del todo. Ni una palabra, ni una sonrisa, ni contacto visual. Nos damos la vuelta y seguimos durmiendo. En el caso de que se instale en el sofá, y no responda a la orden “abajo”, podemos probar la técnica canina. Nos sentamos, y nos vamos arrimando a él poco a poco, hasta establecer contacto físico. Y seguimos arrimándonos, con lo cual le iremos empujando poco a poco, muy despacio…….hasta que se baje o se caiga, lo que primero ocurra. Más de un perro usa ésto y le funciona con sus dueños, :-). Si incluso ésto puede hacer enfadar al perro, nada de contacto físico, revisar lo que se indica para quitarlo de las zonas de paso y usarlo también para el sofá (y luego tumbarnos en él para ocuparlo entero, no sea que nos empuje para echarnos).

4- Derecho de propiedad: todo lo tuyo es tuyo y lo de los demás, también. Eso implica que los juguetes, la cama del perro, su comedero y bebedero, y el contenido de la casa en general es tuyo, y se lo cedes porque te da la gana, pero puedes recuperarlo cuando quieras. Como el andar quitándole de todo a todas horas al perro es más bien déspota (y de eso no suele haber en el mundo animal), limitate a ejercer tu derecho de cuando en cuando, principalmente con el cachorro, para asegurar que no hay reticencias por su parte a cederte las cosas, aunque las tenga en la boca. Un modo eficaz de no "pelear" por lo que tenga el perro en ese momento es dar un buen motivo para que te lo ceda (ver "soltar" en Adiestramiento en obediencia).Por supuesto, nada de quitarle cosas a un adulto que no esté controlado, es mejor convencerle de que las suelte mediante adiestramiento.

5- Contacto corporal: al igual que en las personas, hay zonas más accesibles a los demás, y zonas más "privadas". En función de la dominacia del animal, se dejará tocar más o menos sitios. Si somos el líder, debemos poder tocarle en cualquier sitio sin recibir protestas. Puede ofrecer resistencia pasiva (plegar las orejas, retirar una pata o cerrar la boca con fuerza al querer explorarle), que venceremos con insistencia y paciencia, pero nunca debe emplear gruñidos para impedir que accedamos a alguna parte de su cuerpo. Las zonas más comprometidas son los genitales, la barriga, y el dorso/cabeza, por ese orden. El colocar nuestra mano (o cabeza) sobre el cuerpo de nuestro perro es una señal de dominancia, y al revés, si es él el que coloca una parte de su cuerpo sobre el nuestro, nos está exigiendo algo, no debemos responder JAMÁS. Para evitar problemas de contacto, debemos acariciar a nuestro cachorro a diario, con cariño y por todo el cuerpo, explorarle ojos, orejas, boca, piel......de modo que se acostumbre a que lo manipulemos; cepillarlo ayuda mucho. No se trata de obligarle físicamente a que se deje manosear durante minutos, sino de que poco a poco se habitue a que podemos tocarle donde nos dé la gana. No es raro el perro que "no se deja cepillar la barriga", o "gruñe si le tocas la cabeza", no le dejemos llegar a esos extremos. Si él hace lo propio, podemos ignorarlo o repeler el contacto físico, depende de lo adecuado que nos parezca y de las circunstancias (a mí no me preocupa que un cachorro de 6 meses coloque su cabeza en mi barriga tras un rato de revolcarnos por el suelo, dado que no se ha mostrado dominante conmigo en ningún momento, lo interpreto más como una señal de confianza que de intento de subir de rango, por poner un ejemplo). Lógicamente, en un perro adoptado de adulto, hay que valorar primero dónde se puede tocar y dónde no (puede traer algún resabio), y trabajar mediante premios y aproximaciones graduales el que acepte el contacto en cualquier parte como algo positivo.

6- Contacto visual: en el lenguaje canino (y en el nuestro) una mirada fija en los ojos del otro implica dominancia y autoconfianza. Esto podemos hacerlo desde muy pequeños y asegura nuestro liderazgo sin riesgos (es peligroso en perros desconocidos o ya muy dominantes, así como en cualquier perro que no conozcamos a fondo, pues es un claro desafío que el otro puede aceptar). En un momento de relax, clavar la mirada en los ojos de nuestro perro, llegará un momento en que él retire la vista girando la cabeza, ese es el objetivo, cuanto más afianzada esté nuestra posición, menos tiempo durará el contacto ocular.

7- Comandos: si eres el líder, tu perro debería hacer lo que le pides, al menos la mayor parte del tiempo (se supone que no eres un sargento que da órdenes a todas horas). Cuando el perro es muy joven, hay que enseñarle el significado de esos comandos, y una vez los tenga muy claros, insistir en que los haga, si no vale el comando verbal, puede ser necesario "obligarle" físicamente a obedecer, no con malos modos, simplemente "empujándole" a que lo haga. Si no viene y está atado, tirones muy suaves de la correa le harán seguirnos. Si está en el sofá y no baja, se le coje en brazos y se le pone en el suelo. Si no sube al coche, le subimos nosotros....de todos modos si estas situaciones se repiten muy a menudo (el perro no hace nada de lo que le pedimos), tal vez trata de decirnos algo..... (repasa la lista anterior).

8- Tú mandas: o eso crees, no?. Si tu perro te da órdenes y tú descuidadamente, las obedeces, él es el líder. El juguete que te trae, la petición de comida, el bebedero lanzado a tus pies, la correa en la boca y sentado frente a la puerta de la calle, el arrastrarte durante el paseo......hay mil y una situaciones en las que el perro lleva la iniciativa y nosotros hacemos sin pensarlo dos veces, y luego nos extraña que nos gruña al quitarle algo de la boca o no venga cuando le llamamos. Estas situaciones son conflictivas, confunden mucho al animal (a veces tratas de tomar el control, pero lo haces con poca decisión y ninguna constancia: no eres previsible y no se fía de ti), y generan tensión e incluso violencia entre los miembros de la manada. Lo primero para evitar esto (además de lo anterior) es hacer lo que él hace: OBSERVAR. Esta actitud es clave. Nuestro perro lo observa todo, y hace muchas asociaciones en función de lo que ve, que le serán útiles en algún momento de la convivencia. Pues más nos vale seguir su ejemplo. Si le observamos detenidamente, y nos sacamos de la cabeza esas cositas que nos distraen y nos hacen ir por el mundo sin ver ni oir lo que pasa a nuestro alrededor (el jefe, la hipoteca, la inflacción, la avería del coche......), nuestra relación lo agradecerá. Y al fijarnos nos damos cuenta de cuántes veces nuestro perro nos manipula para obtener algo de nosotros a lo largo del día. En estos casos tenemos dos opciones: ignorarlo, o complacerle. En el segundo supuesto, por ejemplo quiere jugar, es preferible aceptar (aunque lo ideal sería que nosotros hubiésemos iniciado el juego), ya que nuestro perro se aburre, y si no se le hace caso, se buscará la vida por otro lado (poco deseable). Pero en estos casos lo que debemos hacer es invertir los términos. Si recibimos una petición de nuestro perro, le daremos nosotros alguna orden (que se siente, que camine un rato al lado, lo que nos parezca), y como recompensa, jugaremos con él, le daremos algo de comida, etc. Así es él el que obedece, no nosotros.

EL SEGUNDO PERRO

Hace ya un tiempo que tenemos un perro, nos gusta la experiencia y nos llevamos bien, y empezamos a considerar la posibilidad de hacernos con un compañero/a. Bien, la idea en principio es acertada, pero debemos considerar algunos puntos importantes. Lo primero es tener en cuenta qué vamos a escoger: ¿del mismo sexo que el que ya tenemos, o del contrario?. Si optamos por elegir "la parejita", hay que considerar lo que ocurrirá en el futuro: cuando la hembra entre en celo, ¿sabemos ya lo que vamos a hacer?. Cuando paseamos por la calle con ambos perros, sea lo que sea el perro que nos cruzamos, podemos tener problemas (llevamos siempre uno de su mismo sexo). Nuestro macho se va a crecer mucho y querrá demostrarle a su "novia" cuánto vale, aunque hasta ahora hubiese sido un perro de lo más tranquilo, y es más que probable que le impida jugar con otros perros, por las buenas o por las malas. La hembra puede obrar de igual modo cuanto nuestro macho tontee con otras perritas. Por lo demás es practicamente seguro que la relación entre ellos no sea conflictiva.

La otra opción es más viable de lo que crees en esta raza, preparada para trabajar en equipo y con una gran comunicación entre congéneres que les permite convivir sin problemas.....siempre y cuando nosotros no interrumpamos esa comunicación, lo que a menudo ocurre.

Un consejo, no adquieras un segundo perro antes de que el primero no se haya afianzando del todo y te obedezca y esté educado (al menos año y medio), ya que si se juntan dos cachorros, lo que no se le ocurra al uno se le ocurrirá al otro, y se darán fuerza mutua para desoír todas tus órdenes. El manejo de dos ejemplares muy jóvenes es muy complejo, y desespera al más paciente. En cambio si ya hay un adulto en casa, el cachorro aprende las normas con sorprendente rapidez, asimila la disciplina con menos resistencias, y si nosotros somos el líder del adulto, no nos costará trabajo hacernos con el cachorro. Otra cosa es si el adulto nos ignora. Un segundo perro multiplicará el problema por dos: el primero no se asentará al tener un compañero, más bien enseñará al nuevo todo lo que sabe hacer (mal), y en vez de una carga tendremos dos. Un perro bien educado nos será de gran ayuda, un perro al que no hemos conseguido manejar supondrá un rival en la educación del segundo (y llevamos las de perder, ya que ellos hablan el mismo idioma y tienen metas comunes).

Lo primero a tener en cuenta es el mantenimiento de la jerarquía. Tú eres el líder, el adulto es el perro beta (o segundo), y el cachorro.....el omega, o sea, el último. Como tal, tiene algunas licencias por ser cachorro, ya que aun no conoce límites ni normas, pero nunca olvidemos que es el último en la jerarquía, el adulto lo va a entender así, y todas las maniobras más o menos inconscientes por nuestra parte para invertir esa situación conducirán a reacciones desagradables del adulto hacia el cachorro, de intensidad creciente conforme nosotros interfiramos entre ambos. Me explico.

Cuando el cachorro llega, todo son mimos y juguetes y premios para él, tan pequeñito y cariñoso y juguetón.... mientras el adulto ve como no solo entra un torbellino en su apacible y organizada vida, que le quita comida, cama y juegos, sino que deja de ser el centro del universo por un perfecto desconocido. Esto es más desagradable para el adulto cuanto mayor es, y cuanto más dominante. No es plato de gusto, la verdad. Lo primero que hará será dejarle claro al pequeño que por muy adorable que sea, acaba de llegar, y no es nadie. Le olerá de pies a cabeza, y en cuanto el pequeño trate de jugar con él o de apoderarse de todo lo que haya a su alcance, recibirá un gruñido (muy intimidatorio) tras otro, y seguramente alguna embestida aparentemente brutal. NO INTERVENIR. Si quieres verlo desde tu punto de vista, le está diciendo "no", exactamente como harás tú dentro de nada. Le está poniendo normas, como tienes que hacer tú, y le está explicando que él manda, lo mismo que deberás hacer tú. Y el cachorro, con más o menos valentía, va a aceptar esto como algo natural, y hará tanteos en todos los terrenos para ver dónde se le gruñe y dónde se le permite. Están estableciendo una relación, no debes mediar para nada. Tranquilo si la reacción de tu perro parece desmedida, y te encuentras con el pobre cachorrito panza arriba y chillando como si le matarán: si tu perro es equilibrado y sociable no le está haciendo nada, es todo puro teatro que cesará en unos segundos, y probablemente no se vuelva a repetir pasados dos o tres días. Si empiezas separando ya, lo más probable es que el adulto considere que te pones del lado del "enano", y en cuanto te des la vuelta lo intentará de nuevo, esta vez con peores intenciones (cuanto más les separes, más dura será la agresión del adulto en el siguiente intento).

El cachorro ya se ha llevado unas cuantas broncas por parte de su nuevo "papá". Bueno. Muestrate alegre y acaricia mucho al adulto, y solo de modo distraido al cachorro. Haz ver a ambos lo que están esperando: al mayor, que sigue siendo el rey (por detrás de ti, se entiende), y al cachorro, que le queda mucho por aprender y debe estar atento. Si tienes al adulto de tu lado las cosas serán mucho más fáciles. En pocos días se harán amigos, tu deber es ponerte del lado del mayor SIEMPRE, pase lo que pase, especialmente si no sabes el motivo de la disputa (que en realidad no suelen ocurrir, pero lo digo por si se diera el caso). Si hay un juguete en el suelo y un cachorro panza arriba, o bien no dices nada, o bien recuperas el juguete y se lo entregas AL BETA, nunca al cachorro. El cachorro jugará/comerá/dormirá cuando y donde los jefes le dejen. No espera otra cosa, si se le da la oportunidad de subir de grado, no la desperdiciará, y eso es siempre motivo de conflictos (entre ellos y contigo, no lo olvides, y detrás del perro beta estás tú: también tratará de comerte terreno). Algunas reglas:

- El beta elige: a partir de ahora las cosas hay que comprarlas de dos en dos, y exactamente iguales. Aun así, permite que el perro mayor elija una (huesos, juguetes, comederos, etc.). De este modo no pensará que el cachorro se ha llevado la mejor (la de otro es siempre la mejor, te aviso desde ya, y el cachorro, por descontado, prefiere la otra. Deja que el adulto se encarge de decirle lo que le parece). A la hora de comer, pon siempre primero el comedero del adulto, y asegurate de que no haya intercambios. Si el cachorro se pone muy pesado y el adulto no hace nada, pon orden tú mismo.

- Cuando haya diferencia de opiniones, dale la razón SIEMPRE al beta. Si el cachorro ve que haga lo que haga te pones de lado del otro perro, se andará con pies de plomo antes de intentar tonterías.

- Las normas son iguales para todos. Tu dominas al perro adulto, y al cachorro. El adulto solo al cachorro. Para que esto se mantenga así, no hay privilegios que valgan, y si se concede alguno, será siempre al adulto.

- A la hora de repartir mimos, no cedas al encanto del "osito". El mayor es el que tiene mayores derechos de acercarse a ti. No son raros los perros "celosos" que no dejan que su dueño acaricie a otros perros: estos sentimientos (celos, envidia, venganza....) en los perros no existen, por fortuna, son solo interpretaciones antropomórficas de un comportamiento con sentido desde el punto de vista canino. Si tu perro es el beta y tu eres el alfa, el resto del mundo son omegas, y no pueden saltarse la jerarquía así como así, por lo que no pueden acercarse al alfa pasando por encima de él. Es un error reprender a tu perro y seguir acariciando al otro, solo fomentas su agresividad con terceros y le desconciertas. En estos casos lo ideal es acariciar y alabar generosamente al tuyo ("cada vez que viene otro perro, me colman de atenciones"), y cuando tu perro pierda interés y se vaya a oler por ahí, puedes acaciar al otro, si tu perro no te ve, claro. Con el cachorro igual, usa las dos manos, y de modo evidente mima al adulto, y con disimulo, al cachorro.

Solo con estas sencillas precauciones verás que la convivencia es muy fácil y que ambos perros se hacen amigos (más de una vez te tomarán el pelo juntos, paciencia), y desde luego que no hay peleas ni diferencias entre ellos. Disfruta viendolos jugar, y aprende del modo en que se relacionan entre sí. Pero no olvides que estas reglas son para toda la vida de ambos, no solo para cuando el nuevo perro sea cachorro. Si el nuevo amigo es ya adulto (por ejemplo adoptado), el manejo es exáctamente el mismo, tan solo hay que tener la precaución de elegir un perro que acepte bien a sus congéneres (y contar con que el nuestro también lo hace), y pasados los primeros días de "tanteos", se harán buenos amigos.

 



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