PROBLEMAS DE
COMPORTAMIENTO MÁS FRECUENTES (1)
- Ansiedad por separación
Este problema aparece por un manejo inadecuado por parte del dueño, y es habitual en determinadas razas (en los perros nórdicos, por ejemplo, aun cuando la gente los califica de independientes, tienen una gran necesidad de compañía humana), aunque puede afectar a cualquier perro a nivel individual.
Puesto que se trata de un problema de manejo, debemos cambiar el modo de manejar al perro para que él pueda cambiar su comportamiento. Nuestro perro es solo un perro, y no puede escapar a las circunstancias que le rodean. Somos las personas quienes podemos cambiar esas circunstancias, de modo que el perro tenga que modificar su comportamiento para adaptarse a esos cambios. Hay que tener en cuenta que no solo es un problema frecuente, sino una causa habitual de abandono. Y para desgracia de esos perros, una condena de por vida a ir de refugios a casas y de casas a refugios, pues las personas que los adoptan no saben nada del problema en cuestión ni de cómo solucionarlo (y a menudo su lazo emocional con el perro es bajo, ya que no lo han criado, y no están por la labor de implicarse para corregir el tema), y por tanto lo devuelven.... una y otra vez. El perro empeora con cada devolución, lógicamente, hasta convertirse en inadoptable, pues casi nadie está capacitado para corregir a un animal que lleve varios años con esta alteración. Está en nuestra mano corregir desde el principio este problema, o mejor aun, prevenirlo.
Los síntomas más frecuentes son: aúllan/ladran durante horas, destrozan vallas a bocados (probablemente fugándose, con todo lo que eso implica), cavan hoyos inmensos y destruyen el mobiliario, especialmente los marcos de puertas y ventanas próximas a las zonas de salida de la casa y las propiedades del dueño. También son frecuentes las micciones y defecaciones dentro de casa, a menudo por muchos lugares en un solo día. Es un problema de comportamiento, y como tal, si la implicación del dueño es total, casi siempre tiene solución, más rápido y fiable cuanto más se aplique el propietario, y cuanto menos tiempo lleve asentado el problema. Hay que cambiar algunos conceptos sobre lo que hace el perro, y empezar a dirigirse a él de otro modo, para lograr que él pueda comportarse de otra manera. No pensar NUNCA que se trata de una venganza o rencor de ningún tipo, el animal lo pasa francamente mal con este problema (llegan a presentar ataques de pánico), y jamás, bajo ningún concepto, regañarle o castigarle en modo alguno, entre otras cosas porque se agravaría sensiblemente la situación.
La medicación (Clomicalm) puede usarse para acelerar el proceso de recuperación, pero por sí sola no sirve de nada. Debe darse siempre bajo supervisión veterinaria, y sin olvidar que es ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLE la modificación de conducta por parte del propietario. El Clomicalm es un ansiolítico, que no altera en nada la consciencia del perro (no es sedante ni tranquilizante), tan solo rebaja los niveles de ansiedad MIENTRAS el dueño cambia el manejo y le habitúa a quedarse solo. Normalmente los perros tardan un par de semanas (o menos) en comportarse adecuadamente. Pero debemos tener presente que en muchos perros los primeros días aparece un "efecto rebote", que consiste en que empeoran, sorprendidos por el cambio repentino de su entorno.
Debemos partir de la idea general que el perro tiene
del mundo, y respetarla. Para los animales sociales (como el perro, el hombre,
el caballo…..), el grupo debe presentar una estructura piramidal, y solo un
individuo se colocará en la parte superior, ocupándose entonces de cuidar y
proteger al resto del grupo. Es una gran responsabilidad, pero ese puesto
NO PUEDE QUEDAR VACANTE. Si nadie se “ofrece” para ocuparlo, el perro se ve
obligado a hacerse con el mando, y normalmente la responsabilidad le viene
muy grande. Cuando un perro no está capacitado para este puesto pero nadie
se encarga, él se coloca a sí mismo en esa posición, y las situaciones de
manejo del grupo que no puede controlar (casi todas) le desbordan, provocándole
un elevado nivel de estrés y ansiedad. Nuestro perro no hace destrozos y
ensucia por venganza ni mala fe: está realmente asustado y lo pasa muy mal
en esta situación. Él no puede hacer nada por cambiarla, y somos nosotros
quienes tenemos la posibilidad de relevarlo del mando, ocupando su lugar.
Podremos comprobar entonces lo rápido que se relaja y cómo mejora su ansiedad.
Si tenemos dudas sobre lo que ocurre realmente cuando nos vamos, hagamos uso de las nuevas tecnologías, y grabemos al perro en nuestra ausencia: podremos comprobar que lo pasa muy mal durante el proceso.
Por ello, hay que realizar unas medidas generales de manejo rutinario Y PARA TODA LA VIDA DEL PERRO. Si una vez se ha curado volvemos a manejarlo como antes, el perro recaerá. Básicamente, consiste en enviar señales con sentido desde el punto de vista canino que le digan al perro “yo quiero ocupar el puesto de mando”. Siempre por las buenas y sin coacciones ni castigos (que lejos de solucionar nada, aumentan el grado de ansiedad y estrés en nuestro amigo). Al principio el perro suele presentar un episodio de empeoramiento (el cambio le sorprende, debe comprobar que es un cambio real, no una casualidad). Y después, sencillamente, deja hacer a quien se ha ofrecido a ocupar el puesto más alto, y se relaja y deja llevar. Por ello debemos ser muy constantes en el envío de señales, que al principio acentuaremos mucho para que el animal se fije en ellas y reaccione lo antes posible.
Lo primero que debe quedar muy claro es que nuestra mascota no tiene una percepción espacio-temporal como la nuestra. Para un perro, solo existe el aquí y ahora. Su anticipación de acontecimientos es escasa, y su recuerdo de lo pasado, en ausencia de dicho pasado, es nulo. La mayoría de los problemas que surgen con perros son fácilmente identificables y se deben a un problema de comunicación. Ellos son perros, nosotros personas, y usamos idiomas distintos y vemos las cosas de modo diferente. Un perro no puede hacer nada por cambiar esto. Siempre "hablará" como un perro, y verá las cosas desde el punto de vista de un perro. Nosotros podemos aprender su idioma, y tratar de ver las cosas con su óptica. Cuando lo hacemos, al perro le empiezan a encajar las piezas de un mundo que no comprendía en absoluto y al que trataba de adaptarse (mal), y se relaja y empieza a comportarse como deseamos. Y es como deseamos, porque otra cosa que los perros no entienden es la moral. Para ellos no existe bien o mal. Simplemente les interesa y da beneficios, no interesa ni proporciona beneficios, o supone algo desagradable o doloroso. Y ahí termina todo.
El perro es un animal social y gregario, y esto es lo más importante de todo. Le gusta relacionarse con otros seres, y le gusta vivir con ellos. Mirándolo desde el prisma de antes, vivir con otros seres le reporta beneficios lo bastante importantes como para que no desee estar solo. Así que para un perro, el vivir en grupo, estar integrado, es fundamental para estar vivo. De ahí que sobrelleven tan mal la soledad, si no se hace algo para prevenir y habituarlo a tolerarla.
Y como en toda sociedad, es necesario establecer una organización interna. La categoría amigo no suele existir. Existe un arriba y un abajo. Abajo puede haber de todo, pero arriba solo puede estar uno, y está el más apto y cualificado, no el más grande ni el más fuerte ni el más viejo. Si arriba no se coloca nadie (humano), el perro tiende a ocupar ese lugar, que no puede quedar vacío. A menudo el perro no tiene ningún deseo de estar en ese puesto, le genera estrés y mucha responsabilidad (este mundo es muy complicado, y lo sabe, y las personas somos muy difíciles, y también lo sabe). Dejarse llevar por otros es mucho más fácil y cómodo que ser quien lleva a los demás. Si nos ocupamos de llenar el arriba, el perro se dejará llevar. Pero ese puesto debe cubrirse según EXPECTATIVAS CANINAS. Y es aquí donde suelen aparecer los problemas. Muchas de las cosas que hacemos de modo espontáneo, o directamente sin darnos ni cuenta, son interpretadas por el perro al revés de como queremos que las interprete. Tras varios meses de recibir señales erróneas o contradictorias, el perro no cree que nadie esté ocupando el puesto de arriba, y lo tiene que ocupar él. Hay una teoría que dice que el perro con problemas de ansiedad por separación es un perro que está ocupando el puesto más alto de la jerarquía (arriba) pero que es incapaz de manejar a su manada (familia). No está capacitado para hacer de líder, y no lo desea en absoluto, pero no ve otra opción pues nadie más ocupa dicho puesto, y no puede quedar vacante. Y cuando su manada se marcha y él se queda atrás, le dan ataques de pánico. El paralelismo que mejor se entiende es ¿qué pasaría si tienes un hijo de 3 años, que de pronto sale por la puerta de casa y se va, y tú quedas encerrado en la vivienda y no puedes seguirle?. Pues esa es la idea. A nuestro perro se le escapa su responsabilidad, y el pobre ya no sabe cómo sobrellevarlo. Hay que quitarle esa responsabilidad. Hay que decirle que quien quiere estar arriba y ocuparse de todo es el dueño, y que él solo tiene que relajarse y ser un perro, sin más.
El "sabe que ha hecho mal" hay que desterrarlo. El perro no sabe nada de eso. Sabe cuando alguien está enfadado. Pero a menudo no sabe porqué. Simplemente da muestras de sumisión (propias de un perro, la culpabilidad tampoco existe) ante el eminente enfado. No llamarse a engaño, el que tiene un perro que destroza mobiliario y ensucia, entra a casa enfadado porque imagina lo que va a encontrar, y por tanto envía señales corporales que su perro interpreta (acertadamente) como de agresividad, respondiendo él con señales de apaciguamiento/sumisión. Las razones de todo el jaleo al perro se le escapan. Hay gente que logró un día volver a casa ANTES de que su perro hiciera nada, y las caras de "arrepentimiento" eran las mismas. Aquí interviene también la anticipación: si durante un tiempo siempre que el dueño llega a casa termina con broncas, el animal anticipa la llegada con enfado, haya pasado lo que haya pasado, o incluso si no ha pasado nada.
Así que consideraremos los siguientes pasos como un guión para proceder a invertir la situación. A partir de ahora, cada vez que surja alguna duda sobre algo en concreto, pensar si es el perro el que nos está llevando a su terreno (está haciendo alguna exigencia de modo más o menos zalamero) o es el dueño quien está marcando el ritmo (siempre por las buenas). Si la respuesta es lo primero, hay que cambiar las tornas. Ignorarle en ese momento, y cuando se aparte y parezca a la espera, se le puede llamar y darle aquello que deseaba (juego, caricias.....). Solo así serás tú el líder y él estará plenamente relajado. Esta aclaración se hace porque de cuando en vez el perro volverá a probar, no se dejará llevar sin más, tiene que hacerlo, y asegurarse de que el cambio que se ha provocado es definitivo y no un lapsus temporal.
Lo primero que hay que hacer es intentar, en la medida de lo posible, aumentar el ejercicio. Y esas salidas deben ser salidas. No sirve ir al parque y sentarse en un banco. Debemos moverlo mucho y a diario para que llegue con ganas de dormir. Esto es especialmente importante en animales jóvenes, que tienen más energía. Con los años irá bajando en ese aspecto, pero ahora hay que permitir que se desfogue. Para un macho es importante explorar el entorno, los rastros de los animales, las marcas de otros machos, etc., así que en la medida de lo posible, variar las rutas de paseo. No hacer 3 veces al día la misma vuelta, si es factible. Aunque el verde es muy bonito, al perro no le importa callejear, así que improvisad. La actividad mental (de explorar, y de otras cosas) es tan agotadora como la física, y muchos perros agradecen las novedades y llevan mal la rutina demasiado rígida (el husky es un perro curioso por naturaleza, y le gustan los entornos diferentes). Aprovechar para conocer la ciudad y explorar también sitios nuevos. El ir de montaña es perfecto, plantearse hacer salidas al campo, aunque sea de vez en cuando, también ayuda. Un modo de hacer ejercicio entre semana dedicando poco tiempo es sacarlo con bicicleta, bien suelto, bien enseñándole a tirar de ella. Solo con esto ya resolveremos una parte importante del problema: un nórdico cansado es un perro feliz.
Las señales a enviar a nuestro perro son pocas y sencillas, pero muy poderosas:
1- La comida: Para un perro la comida tiene una fuerte implicación social. Es importante lo que se come, dónde se come, en qué orden, y dónde está cada cual durante la comida. El protocolo a seguir para mandar un mensaje claro es sencillo: TÚ COMES ANTES QUE ÉL, Y LE DEJAS SOLO MIENTRAS ÉL COME. No hay más. Prohibido darle de comer desde la mesa. Prohibido que coma antes que tú. Y no digamos ya que coma de tu comida. Según sus horarios de comida, puedes comer primero tú y luego ponerle su plato, o si no son coincidentes o el perro vive en el exterior, llenar su plato, colocarlo en un sitio elevado (altura lavadora, por ejemplo), y comerse una galleta o algo de picar durante un par de minutos, estando tú junto al plato, y por descontado, que el perro lo vea (para un perro lo que no se ve no está ocurriendo). Es teatro, indica que tú comes primero, y él comerá lo que sobre. Una vez hayas comido (o fingido comer), llevas su plato a su sitio (tranquilo y nunca en zonas de paso), lo dejas ahí, y te marchas sin mirar siquiera. El perro debe comer solo. Permanecer a la espera junto a su plato manda un mensaje erróneo "estoy esperando a que me dejes las sobras". Dar comida al perro desde la mesa manda un mensaje opuesto "exiges comida y como eres el líder, te la cedo". ¿Has visto alguna vez a un perro dejar que otro meta el hocico en su comida?. Suele suponer una pelea, como mínimo. No somos perros, pero si no mandamos a nuestro perro señales de perro, jamás nos entenderemos. Si nuestro perro tiene el comedero todo el día a mano, hay que cambiarlo. Ponerle de comer una o dos veces al día, como se prefiera, y pasados 10 o 15 minutos volver y retirar el plato (vacío o no, da igual). Esta señal es muy poderosa.
2- Rituales de bienvenida y separación: Aquí las meteduras de pata son importantes, y es quizá lo más duro de hacer, pero es muy eficaz. El perro tiene un espacio a su alrededor, igual que nosotros, y ese espacio se puede invadir o no según de quien se trate. Igual que nosotros. Pues entre perros, el líder invade el espacio de otros cuando quiere, pero los otros no invaden el suyo si no han sido invitados. Esto supone que cuando el líder se mueve, los demás están pendientes..... para quitarse de en medio y mantener las distancias, mientras no se les indique lo contrario, ya que si se quedan en zona de paso y los espacios "tropiezan", pueden recibir un castigo. No vamos a castigar al perro por nada de esto, ya se ocupará él de moverse. Pero sí vamos a rechazarle cuando invada nuestro espacio sin haber sido invitado. Cosa que hace casi seguro a todas horas y con todo el mundo. Cuando llegas de la calle, seguramente se abalanza sobre ti, salta encima, da vueltas a tu alrededor, todo con mucha fiesta…., verdad?. Esto hay que abolirlo. Y si logramos que ni siquiera salga a recibir, mucho mejor, éxito total. Es desagradable porque a todos nos gusta que nos reciban amistosamente, pero será lo mejor para todos. A partir de ahora, cada vez que el animal invada nuestro espacio sin invitación, en cualquier momento, se le ignorará por completo. Esto implica que deja de existir. No se le mira, no se le toca, no se le dirige la palabra..... como si no hubiese perro. Si salta o hace numeritos, podemos darle la espalda e irnos a otro sitio, y fingirnos muy ocupados con algo, si es preciso. Al principio puede haber efecto rebote. Ladra más, salta más, monta más espectáculo. Ni caso. Pasados unos minutos el perro se calma, se queda quieto (como pensando), y se retira a otro sitio a tumbarse (parecerá ofendido, pero da igual). Perfecto. Eso es exactamente lo que debe hacer. Darle unos segundos así, y luego ya sí. Se le puede llamar para que venga y darle mimos y hablarle y lo que se quiera, o acercanos nosotros a él para mimarle. Pero siempre ha de ser así. Cada vez que el perro viene a nosotros por iniciativa propia, le ignoramos hasta que se aleje y se relaje. Cada vez que queramos algo con él (jugar, mimarle, lo que sea), le llamaremos para que acuda a nuestro lado o iremos nosotros. Es sutil, pero en el primer caso es el perro quien lleva las iniciativas, y en el segundo somos nosotros. No se trata de querer menos al perro, ni de no poder hacerle caso. Se trata de hacerlo llevando nosotros la iniciativa. Debemos mantener este comportamiento en todos los aspectos de la vida del animal, en casa, en la calle.....es el primer paso para lograr que se quede tranquilo cuando nos vamos, y siga tranquilo cuando volvamos. Un detalle importante, que no siempre es fácil de lograr: esto debe hacerlo TODO EL MUNDO al aproximarse al perro. Ignorar sus fiestas y saltitos y llamarle y darle mimos cuando se muestra calmado y como ausente. Explicarles que tiene un problema y que solo así podrá resolverse totalmente. Va por la familia y visitas, principalmente.
Si al llamarle y prestarle atención, o acercarnos para mimarle, se activa de nuevo y empieza con saltos, ladridos y volteretas, le ignoraremos de nuevo unos segundos, dándole tiempo a calmarse: nuestra atención es un gran premio, si lo concedemos a un animal excitado y nervioso, le premiamos por ser así. Si solo lo recibe por estar tranquilo, esa es la actitud que fomentamos.
Así que cuando se llega de la calle, se entra en casa y se va a la cocina a hacer un café o algo. Para estar ocupado y permitir que el perro se calme. Con el tiempo es muy posible que ni salga a recibir (está esperando a que se le invite), es el objetivo. Cuando el dueño se ausenta debe ignorarle también, si le sigue por la casa, y no hablarle ni mirarle ni acariciarlo. De esto se habla más adelante, porque aquí hay que deshacer alguna cosa que ya se ha hecho incorrectamente.
3- Obediencia: la gente suele entender con esto que el perro venga cuando se le llama y poco más, y parece que tienen que aprender por ciencia infusa. Nosotros lo vemos como el aprendizaje por asociación de determinados sonidos (palabras) a determinadas acciones (actos del perro) que facilitan la convivencia y el manejo del animal. En un perro de gran tamaño es muy importante. Y para muchos perros, aprender cosas nuevas es gratificante. Solo hay que hacerlo divertido. A partir de ahora hay que empezar a enseñarle cosas a nuestro perro, no importa lo inútiles y tontas que sean, se trata de ocuparle la cabeza al perro, de enseñarle autocontrol y paciencia, y de mejorar el vínculo entre tú y él, pero siendo tú el que marca las reglas del juego. Aquí necesitamos un motivador (para la mayoría, comida, en pequeños trocitos -queso, jamón, salchicas de frankfurt.... algunos aceptan muy bien un juguete especial, una pelota.…-), que llevaremos siempre encima. Y un esquema mental de lo que queremos enseñarle, mejor si lo ponemos por escrito para, digamos, "cumplir objetivos". Sentarse, tumbarse, dar la pata, quedarse quieto, subir y bajar de sitios, saltar, perseguirse el rabo, ladrar a la orden..... lo que cada uno quiera, por complicado que sea, se puede enseñar si se va paso a paso y con paciencia. Hay que pensar en un sonido (la orden, siempre la misma) y en lo que queremos que haga al oírla, y dedicaremos unos minutos (pocos) de cada paseo a esto, mejor todos los días. Lo haremos siempre en sitios diferentes (un perro que aprende a sentarse siempre junto al kiosko, nos hará enfadar cuando le mandemos sentarse en el ascensor.... y no lo haga. Es preciso cambiar el entorno donde se dan las órdenes, la posición de nuestro cuerpo.... para que el perro lo haga siempre en cualquier contexto). Empezamos a enseñarle algo, y repasamos órdenes aprendidas otros días. Siempre en positivo, premiando las buenas ejecuciones o las aproximaciones correctas, y dando tiempo muerto cuando lo haga mal (el mensaje es que esforzarse por hacer las tonterías que le vamos a pedir es beneficioso, pero que solo si las hace hay beneficios, si no las hace, simplemente no obtiene nada, es "castigo" más que suficiente). Un perro que sabe hacer cosas, además de entretenerse mientras aprende y de estar más a gusto contigo, tiene más autocontrol (al principio pueden llegar a ser muy impacientes por lograr el premio, y tienen que aprender a escuchar y a atenderte). Y en general se muestra más tranquilo en todo momento, ya que casi seguro que las órdenes acaba siendo útiles en distintos contextos, y le dan al perro un patrón de cómo comportarse en cada situación, lo que le hace estar relajado y pendiente del dueño).
Y básicamente éste sería, en resumen, el manejo general:
- Hacer ejercicio diario, cuanto más, mejor.
- Comer antes que el perro (de verdad o de modo fingido), dejarle solo mientras come, y que no tenga comida disponible a su antojo. Además, recordar que nada es gratis, no darle golosinas de modo espontáneo. Pedirle que haga alguna cosa antes de darle chucherías.
- Manejarse de modo indiferente en torno al perro, no hacerle caso cuando trate de llamar nuestra atención, nos corte el paso, nos salte encima, etc. Esperar a que se separe de nosotros y se muestre tranquilo y a la expectativa, para premiarle por su tranquilidad haciéndole caso. Ojo a los cambios bruscos de conducta, deben tener una respuesta (de “tiempo muerto”) igual de rápida.
- Enseñarle cosas a modo de juego (obediencia).
Relativo al problema concreto de nuestro perro. En general, la convivencia mejora en cuanto el perro ve que el dueño se hace cargo de la situación. Pero vamos a ayudarle un poco más.
Por un lado son interesantes los llamados juguetes Kong. Es un juguete de caucho grueso, con forma de cono, y hueco, que se rellena con comida, blanda o dura. Permite muchas combinaciones. Juguetes similares también valen (caucho con distintas formas y partes huecas para rellenar). Muy prácticas para calmar la ansiedad (masticar libera endorfinas), primero hay que darlas para que juegue con nosotros delante, para que aprenda cómo se usan. Se rellenan de comida (normalmente algo blando que tape el agujero pequeño, luego pienso y/o trocitos de golosinas, y finalmente algo blando o voluminoso que tape el agujero grande. Las primeras veces mejor no tapar el agujero grande, para que el pienso se vaya cayendo y el perro capte la idea, luego hay que ponérselo difícil para que le dure más). Y se deja al perro con ellos, mucho mejor si los "abandonamos" en distintas habitaciones de la casa, para que los busque un poco. En nada son su juguete favorito, permiten roer y morder y encima son "comestibles". Conseguir dos o tres de estos juguetes para cuando se tenga que quedar solo.



Luego hay que valorar las señales que enviamos al perro cada vez que nos vamos de casa y le dejamos solo. Esas señales le permiten anticipar nuestra salida, y de paso empezar a ponerse ansioso, con lo cual cuando nos vamos el perro ya está subiéndose por las paredes. Debemos modificar dichas señales para que dejen de tener significado.
Lo primero será acostumbrarle a una puerta cerrada en las narices. Es muy probable que el perro nos siga por toda la casa constantemente. Pues ya puede dejar de hacerlo. A partir de ahora, cuando puedas, te levantas de sillas o sofás y vas al baño, o a la cocina, o a una habitación (sin decirle nada al perro, ni mirarlo siquiera, del modo normal), y en cuanto entres, cierras detrás de ti (da igual si el perro nos ha seguido o no). Aguardar 30 segundos, 1 minuto.... lo que creas que el perro puede aguantar antes de ladrar o rascar la puerta. Y sales de nuevo, volviendo a tu sitio original...... sin ni siquiera mirarle (si tienes que tropezar con él lo haces, pero no decir nada, ni mirarle siquiera). Hazlo unas cuantas veces al día. Todas las que puedas. La idea es que haces como si fueras a la calle, pero vas a otro cuarto. Y que cuando la puerta que cierras sea la de la calle, para el animal acabe siendo como la de una habitación más. Que sea lo más natural del mundo.
Una vez que veamos una reacción positiva (no te sigue, mejor aun si ni siquiera abre los ojos), vas a hacer lo mismo pero con la puerta de la calle (no olvidar las llaves, pero no las cojas nada más salir, tienes que llevarlas encima, incluso puedes colgarte la llave de casa del cuello, y así no te la dejas nunca por muchas salidas que hagas). No te molestes en quitarte las zapatillas. Sales un minuto o dos, y vuelves a entrar. Y al entrar, lo ya dicho. Ni caso al perro. Puedes ir a hacer algo, o sentarte en el sofá y ver la tele, lo que sea, pero como si vinieras del baño. De nuevo repetir unas cuantas veces, alternando unas puertas y otras. Que no reaccione ante ninguna puerta. Los primeros días costará, porque se va a desconcertar bastante.
De modo gradual iremos introduciendo otra cosa. Las personas, cuando nos vamos a la calle hacemos unos cuantos "rituales" que nuestros perros conocen de sobra. Debemos eliminarlos, o realizarlos fuera de contexto para que el perro no les vea sentido ninguno y dejen de tener significado para él. Cada cual tiene los suyos según costumbres, cito los corrientes y luego hay que fijarse en uno mismo y ver cuáles son los propios:
Apagar tele/radio.
Apagar luces de TODA la casa.
Ponerse el abrigo.
Ponerse calzado de calle.
Vestirse.
Coger las llaves.
Son un ejemplo. Pues el perro, que no te quitará ojo, los ve todos seguidos y se pone eléctrico. Hay que dejar de hacerlos de modo ordenado, y empezar a hacerlos cuando no vengan a cuento. Por ejemplo: coger las llaves y calzarte...... e irte a la cocina (cerrándole la puerta en las narices, para variar), un par de minutos. Luego sales, te pones las zapatillas y dejas llaves. Apagar las luces y vestirse.... para ir al baño (un ratito largo, si puede ser). De nuevo encender luces y pijama. Apaga tele/radio y ponte un abrigo.... y te instalas cómodamente a leer un libro o una revista. Sal a la calle (un rato corto, a bajar la basura o a por el pan, o quédate en el descansillo un par de minutos), sin apagar la tele ni la luz del salón (y si llevamos las llaves al cuello, ni siquiera tendremos que cogerlas de su sitio habitual, mucho mejor).
Es algo lioso, porque nos obliga a descolocar rutinas muy arraigadas de las que ni nos damos cuenta, pero desconciertan al perro y no le permiten saber exactamente qué vamos a hacer después, ni a dónde vamos, ni cuánto vamos a tardar. Así va aprendiendo a relajarse un poco y a permanecer a la expectativa. Los juguetes mencionados, para que no se conviertan en la nueva señal de "me marcho sin ti", los daremos también al azar, en alguna de nuestras "salidas" a la cocina o al baño. Conforme veamos progresos (el perro permanece tranquilo cuando se abre la puerta de la calle, incluso ni se levanta o no nos presta atención), las ausencias irán aumentado de duración. Primero algún recado rápido, luego ya algo más de tiempo. Siempre de modo paulatino. Y al regresar a casa, nos comportaremos, pase lo que pase, como si estuviésemos saliendo del baño: llegar, hacer alguna cosa que nos mantenga alejados de la tentación de saludar al perro, y si permanece tranquilo y apartado, le llamamos y le hacemos fiestas.
Todo esto (combinado con el Clomicalm, si fuera necesario), debería ir dando resultados visibles en unos días, y ya claramente visibles en un par de semanas, momento en que toca suspender la medicación (salvo indicación contraria del veterinario, NO MEDIQUES A TU PERRO SIN CONSULTARLE) para mantener solo los cambios de manejo. Por norma general, una vez el perro se ha relajado y ha integrado estos cambios, acepta perfectamente que los rituales de salida (al menos una parte: llaves, abrigo, calzado) aparezcan de nuevo sin reaccionar ante ellos. No está de más dejar de cuando en vez la tele/radio puesta (si suele estarlo, claro) o la luz de alguna habitación encendida, para no hacer de nuevo todos los rituales de salida.
Aparenta ser complicado, pero una vez metidos en faena no lo es tanto, solo tener las ideas claras y el objetivo final a la vista, y no desalentarse si los primeros días aun hay algún destrozo o similar. Nunca poner mala cara ni regañar a nuestro perro por ello, solo se consigue empeorar las cosas.